Abatido delincuente en Maracaibo que maniató al padre Eleuterio Cueva en su casa, al cual había bautizado

Trinidad Martel / Venezuela RED Informativa

En su casa del barrio La Chinita, asentado en la parroquia Cristo de Aranza, al sur de Maracaibo, fue sometido y maniatado el padre Eleuterio Cueva, por tres hampones al amanecer de este lunes 13 de abril. Los delincuentes, hacia las 5:00 de la mañana, ingresaron a la vivienda. Junto a Cueva se encontraba una hermana, quien también fue víctima de la acción delictiva.

A la 1:20 pm uno de los asaltantes resultó abatido al enfrentarse a funcionarios de las FAES- Eje Zulia.

Voceros de la institución policial lo identificaron como Melvin José Parra Cuomo y dijeron que pertenece a la banda “El Gatico Glock”. La balacera se produjo en el sector Los Haticos II. Parra cayó herido y murió en el “General del Sur”.

En el lugar las FAES recuperaron como evidencia el revólver Smith & Wesson con el que alias “El Melvito” atacó a la comisión.

Eleuterio Cueva, de 67 años, fue párroco de la Basílica La Chinita y actualmente está al frente del centro de atención misionera San Francisco de Asís, ubicado en el sector Lo de Doria, vía a Lossada.

A Cueva lo maniataron y se llevaron su teléfono celular y equipos de trabajo. Entre las evidencias, las FAES también dijo que a Parra le hallaron “varios crucifijos y una imagen de la Chinita”.

Padre Eleuterio frente a frente con la madre del hampón

Frente a frente se encontraron en la sede del CICPC, la mañana de este martes 14 de abril, el padre Eleuterio Cueva y la madre de uno de los tres delincuentes que robaron al sacerdote este lunes 13 de abril.

La señora fue vecina de la familia Cueva en el barrio La Chinita, de la parroquia Cristo de Aranza. “Me mudé porque no aguantaba los sustos que mi hijo Melvin me daba. Él se metió en ese mundo y más nunca me escuchó”, dijo la mujer, de apellido Perea, al padre Eleuterio y a su hermana Zaida. Ambos fueron sometidos por dos de los tres “robacasas”. Melvin, según ha trascendido, “se quedó cerca de una panificadora, como ‘cantando’ la zona”.

“Padre Eleuterio, usted bautizó a mi muchacho”, le expresó llorando la madre al sacerdote. “Estoy muy apenada con usted”, remató.

Perea, con la voz entrecortada se dirigió a Zaida: “Señora, tengo tres dolores en el pecho. Como madre porque perdí físicamente a mi hijo; el dolor moral… yo no crié a Melvin así y la pena de que haya entrado a la casa del padre”.

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