Allá

Editorial / Venezuela RED Informativa

Allá, en el Norte, muy poca gente hace fiesta en cualquier proceso de elecciones. Allá, en el Norte, la vida dura, sigue sin parar, con o sin los políticos. Allá, en el Norte, incluso se elige a un presidente un martes y no un domingo. Porque los domingos son para descansar, mientras que los martes son otro día de trabajo más.

Allá, en el Norte, no importa si los resultados de las elecciones para presidente se consiguen por la suma de los votos de los electores de los colegios electorales de cada uno de los estados, o la “cosa” se tiene que resolver “peleando” en la Corte Suprema de Justicia de ese país.

Allá, en el Norte, se mataron más de un millón de personas en una Guerra Civil. Triunfaron en dos Guerras Mundiales. Se fragmentaron como nación y perdieron en el Sudeste de Asia. Se vaciaron en conflictos raciales y pasaron por varias depresiones económicas, que casi acaban con ellos.

Allá, en el Norte, murieron millones de personas por la Gripe Española a finales de los años 10 y principio de los 20. Y luego archivaron en su inconsciente colectivo aquella peste también proveniente de China, y celebraron la entrada al siglo XXI como el país de mayor potencia de fuego nunca antes conocido en toda la historia de la humanidad.

Hoy, tras sus elecciones presidenciales 2020, el Norte continúa su marcha. Confiamos que indetenible. Y nos importa y nos interesa, porque es allá, en el Norte, donde se juega a los naipes la libertad de Venezuela. Cuba, Rusia, China e Irán tienen tiempo sentados en “nuestra” mesa, pero con las cartas marcadas.

La porquería del siglo XXI les fió el territorio, la población y el gobierno del país a cambio de perpetuarse en el poder, y así han venido jugando por más de 20 años. Lo que está de premio: acabar, robar y saquear a sus anchas lo mucho de bueno que en nuestros últimos 100 años de historia republicana Venezuela y los venezolanos hemos logrado.

Los malos están sentados del lado de la revolución, del chavismo, de la MUD o como sea que se llamen. Y lo cierto es que el único que puede y debe dar la cara por nosotros está allá, en el Norte.

Por eso, ¡Dios bendiga a América!

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