Anclados en el pasado para evadir la actual realidad

César Guillén Citterio / Venezuela RED Informativa

Diálogo entre nosotros, la gente común

Desde el proceso de la lucha por la independencia, los padres de la patria han sido siempre el centro generador de la historia de Venezuela. La distorsión del elemento romántico exaltado por la euforia, dan como resultado que lo emocional sea lo afirmativo de nuestro sentido histórico. Esa actitud, es la que mira en los militares el argumento de ser la única solución al problema social. Un pueblo que no se consigue así mismo, busca en el pasado los resplandores de las glorias individuales.

Sin el estudio objetivo de nuestro pasado, jamás podrá comprenderse el proceso de la república. Hasta ahora solo analizado bajo la óptica de la exaltación de los eventos bélicos o violentos.

Estos han conducido a la teoría del “gendarme necesario”. No se puede mejorar, lo que no se conoce. Se sataniza nuestro pasado colonial y el originado por la independencia y se exaltan con pinzas los de la guerra federal. Una sociedad con estructura castrense en todo el gobierno.

Nuestras numerosas guerras civiles y golpes de estado han estado llenas de caudillos y del hombre providencial que envuelto en esa historia da para todo y en cuyo nombre se ha saqueado a la república, incluyendo a la ahora tan añorada cuarta república. La historia es una secuencia de hechos, ella es continua, no se puede segmentar por conveniencia. Nuestra historia es un largo proceso de demolición, Bolívar mismo afirmó “que habíamos ganado la independencia a costa de arruinar 3 siglos de cultura”.

Nunca llegará a nada un pueblo que se resigne a solo admirar la gloria ya pasada, sin acrecentarla. Este amargo capítulo que hoy atravesamos, el más contradictorio y grotesco por su deterioro moral, deberían abrir ya una visión política diferente del futuro adonde debemos ir. No podemos cambiar el país, pero si el pensamiento y las actitudes de los hombres y mujeres que lo conforman. Mirar hacia adelante, supone un compromiso para que se revisen nuestros paradigmas profundamente.

No somos la continuación de nuestros aborígenes, ni un apéndice del África tradicionalista, mucho menos los redentores ideológicos de Latinoamérica, somos una mezcla forjada desde los tiempos coloniales. Lo épico, lo místico y lo radical, sólo potencian la admiración por el autoritarismo. La desesperanza y el conformismo por no asumir un compromiso hacia el desarrollo, nos mantiene buscando a los líderes ya conocidos por su agotado modelo político, aun cuando algunos de ellos sean cómplices indirectos de la actual situación.

Fracasamos con nuestro compromiso con la república que ellos hicieron libres y nosotros no hemos podido hacer próspera, peor aún ¡la hemos arruinado! En estos años de militarismo y populismo social, son muy pocas las virtudes que se enseñaron sobre nuestros héroes civiles, del trabajo y de la academia. Estos últimos son y deben ser los protagonistas de la historia y del progreso que está por construirse, no hay otro camino, no más un mesías demócrata o autócrata.

“La razón debe guiar a la pasión, si la pasión le impulsa deje que la razón tome las riendas. Dele sentido a las circunstancias y utilice la razón para mantener el equilibrio, en vez de dejarse llevar por las emociones”.

FEDEPETROL-CARABOBO

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