Asumir la guerra es ventajoso

Santos Luzardo / Venezuela RED Informativa

De la Orden de los Caballeros de Fénix

Todo el que causa un daño a otro está en la obligación de repararlo, sean las partes personas naturales o jurídicas, como un Estado del orbe, tratándose de sede internacional.

El derecho internacional ha acogido este principio sobre todo desde las nuevas instituciones mundiales y avances en la tutela de derechos humanos.

Las acciones u omisiones son igualmente consideradas como actos volitivos que generan consecuencias jurídicas, tanto penales como administrativas y civiles aun cuando sean dolosas o culposas, es decir, por inobservancia, imprudencia, negligencia o impericia. ¿Cuál será el caso del virus chino? ¿Acaso un acto doloso, premeditado de guerra bacteriológica o un caso culposo?

La creación de una jurisdicción internacional de alguna manera disminuye la creencia de la soberanía como objeto impenetrable, por lo que cada día cobra más vigor la tutela a los valores del ser humano y sus derechos y la posibilidad de la intervención o injerencia internacional e imposición de penas como garantía y preservación de los derechos humanos, cuando se cumplan los presupuestos sustantivos penales, sin perjuicio de las acciones civiles derivadas del hecho punible.

En la ciudad de Wuhan en China, se trabajó en sus laboratorios con un virus que infectó al mundo, causando grandes pérdidas de vidas humanas, en las economías de los particulares y de los países y desestabilizó gravemente el sistema financiero mundial, todo lo cual fue vergonzosamente aprovechado por el gobierno chino para beneficiarse a costa de los daños infringidos a la humanidad por sus acciones.

Ahora bien, los daños producidos son incalculables y por tanto impagables por China, si aceptara su culpa, porque de incoar una acción en jurisdicción internacional, como ya sugerí y reitero contra el Estado chino, resultaría condenado sin lugar a dudas y en justa administración jurisdiccional.

Lo que, a mi juicio, y en ocasión de la ya avanzada diabólica historia del nuevo orden mundial de lo que forma parte el gobierno chino, estaríamos en la escalada de una guerra mundial que no califico de tercera guerra mundial por evitar prejuicios y viejos paradigmas, pues para nada sería como se dio la Segunda Guerra mundial.

Son inciertas por futuras las consecuencias, aunque sí se pueden prever medios y sistemas de armas a emplearse.

Las víctimas, tanto personas naturales como jurídicas, continúan produciéndose en masa y con perfecta relación causal entre el autor y el resultado dañoso e imputable, según el texto sustantivo aprobado por la Asamblea General de la ONU el año 2007, para tutelar los bienes jurídicos de los Estados y sus ciudadanos con ocasión de daños trasnacionales o transfronterizos como el causado por el gobierno chino al mundo.

China debió informar y ofrecer acciones técnico científicas preventivas, curativas y reparaciones a los Estados víctimas de los daños causados por el virus chino. Si lo hubiese hecho hubiesen podido atenuar o eliminar los gravísimos efectos dañosos que conocemos, lo que constituye una omisión inexcusable que, junto a la mentira de la OMS, hace presuponer dolo.

El Derecho Internacional establece la obligación de ofrecer medios que permitan las reparaciones debidas, pero China no lo asumirá, así lo escribo para la historia.

Por lo señalado ut supra, refiero la necesidad de asumir la guerra sin los prejuicios impuestos por quienes pretenden ocultar la verdad, porque la alerta temprana nos permite la preparación posible. Como reza el aforismo: en guerra avisada no muere soldado y si muere es por descuidado.

Solo hay dos formas de evitar la guerra: que el mundo entero, es decir, todos los países víctimas se unan contra China o que permitan la impunidad frente a esta barbarie mundial sin precedentes.

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