Balance

Editorial / Venezuela RED Informativa

Para James Story, embajador virtual de los Estados Unidos de Norteamérica para Caracas con sede wed en Santa Fe de Bogotá, el “asunto” Venezuela se aborda desde el correcto manejo de las cosas “justas” y las cosas “injustas”.

El BALANCE ético en equilibrio para el país, según él, pasa por la comprobación de que los venezolanos participen en la vida política del nuevo CNE. Todos tengamos nuestras cajas CLAP. Tengamos acceso a la vacuna en contra del virus chino. Y, finalmente, todos podamos soñar con echar gasolina sin buscarnos un enchufado que nos haga la vuelta, ni pasar por la humillación de mostrar el Carnet de la Patria para “tanquear” el carro.

(¿Este tipo será imbécil o solo se hace?)

O sea: poco importa que Venezuela esté despresada, entregada a las fuerzas más oscuras del planeta Tierra. Que en ella se cocine, embalen y envíen los mayores cargamentos de drogas, nunca antes imaginados, con destino a Estados Unidos. Y que la “revolución” bolivariana está montada en exportar toda su furia y su maldad hacia los cuatro confines de la América detrás del Muro…

Como podemos apreciar, la Nueva América de Joe Biden se contenta con muy poco. A cambio de la convivencia de las cuatro perolas vacías que son los partidos políticos de la Venezuela de hoy por hoy, está dispuesta a aceptar las condiciones del régimen del señor Maduro.

Todo por la “convivencia”, ¡claro esta! Solo con tres “cositas” que están estudiando seriamente aceptarle al NARCORÉGIMEN de Caracas se dan por satisfechos. A saber: levantamiento de las sanciones económicas; reconocimiento de los poderes públicos venezolanos; desbloqueo y acceso de a cuentas y bienes congelados en el extranjero a nombre del régimen de Venezuela. ¡Nada más!

Suena un ejercicio muy simple. Porque, ¡Noruega todo lo puede, ya que Noruega todo lo da! Además, el asunto se cerraría con premio. Imaginamos que será el mismo cotillón que recibió a su salida de la Casa de Nariño el presidente Santos de Colombia por lo muy poco, o por lo casi nada, que terminó haciendo a favor de su patria.

Es que cualquier mamarrachada, en este rincón el mundo, sirve para aspirar a un Nóbel.

A nosotros, acá abajo, nos toca seguir aprendiendo.

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