Canciller

Editorial / Venezuela RED Informativa

El nuevo CANCILLER del señor Maduro se desempeña y tiene mucho mejor aspecto que el señor Arreaza. Además, Leopoldo López aún puede entrar libremente a los Estados Unidos y tiene paso por su cuenta, para moverse a través de la Comunidad Europea. Gracias a los muchos millones sin control alguno que ha tirado el Mundo Libre para recuperar la democracia en Venezuela, su padre tiene una silla en Bruselas como Eurodiputado.

¡Es que a Leopoldo no le da ni gripe! Hablamos de un individuo vestido desde la noche hasta la mañana con un impecable traje de foca del Ártico. ¡Todo le resbala! ¡El Ken de Chacao es la prueba viva de la existencia de Superman!

Por eso es que ni le para a las mentadas de madre en estereofónico que tiene que escuchar de los hombres y mujeres de a pie que deambulan por la “trocha” limítrofe entre Venezuela y Colombia. El camino negro que hacen los cientos de miles de humanos-hormigas, que la miseria de un país sin dolientes les obliga a usar para salir o entrar de Venezuela.

Por cierto, el “caminito” mejor cuidado entre nuestros dos países. Del lado colombiano resguardado por la guerrilla del ELN. Mientras que al “cuido” del Tren de Aragua se asegura el paso del lado de Venezuela. Y todos ellos, a escasos trescientos metros de la mirada despistada tanto del ejército regular colombiano, como de la NARCOGUARDIA Nacional Bolivariana. ¡Astigmatismo binacional!

En ese escenario, el recién nombrado CANCILLER de la reconciliación y de la paz arreglada, visita Cúcuta y su zona de embarque-desembarque, La Parada.

Tras el concierto sensacional, la entrada de la ayuda humanitaria que nunca entró, y la fiesta que terminó en burdeles y relajos, López se exhibe tres años después de todo aquello, como si nada.

Han corrido millones de millones en fondos grises y no tan grises para la recuperación de la democracia en el país. Disponiendo de solo un poquito de ellos, seguramente a Leopoldo se le habrá prendido el bombillo y tratará de empujar, aunque sea, un modesto comedor popular.

El río humano que se deja correr por ese sitio tan pero tan inmundo, seguramente agradecería que con algo de la plata que de esos fondos NO se roban, al menos tuvieran la misericordia de ayudar en términos reales a cientos de venezolanos muertos de hambre que pasan arrastrándose por ahí con el estómago pegado a las costillas, día tras día.

Al menos los “malos” de esta miniserie, que ya entró en su tercera década, nunca ocultaron ni sus complejos, ni sus resentimientos sociales, ni su apestoso acento de barrio. En cambio, los “buenos” nos mintieron como si fuésemos un pueblo de pendejos. Y todavía se pasean por Cúcuta, como si cualquier cosa.

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