Caras e’ palo

Mascaritas / Venezuela RED Informativa

De la porquería del siglo XXI claro que se puede salir. No son eternos. No están rezaos. Tampoco son de titanio ni de criptonita. Solo son delincuentes comunes que han asaltado los Estados Latinoamericanos, para hacer de sus gobiernos HAMPOCRACIAS. Organizaciones del mal dedicadas a la maldad y a lo malo, con el objetivo clarísimo de mantenerse lo más que puedan, y al costo que sea, en el poder para robar y saquear naciones enteras.

Pillos de camino sin escrúpulos funcionando en la dimensión de lo político, con las mismas “destrezas” y mañas de cualquier rufián que pertenezca a alguna de los miles de organizaciones criminales que funcionan en el bajo mundo, de cualquier lugar del mundo.

En quechua y Aymara, sin ningún Leopoldo López ni su Euro papá, los bolivianos se deshicieron del payaso de Evo Morales tras jornadas de calle con verdadera voluntad de cambio.

Sin contar con el enorme capital internacional que los “Vamos Bien” lograron amasar desde enero de este mismo año. Con los mismos argumentos de fraude electoral llevado a cabo por el gobierno de Morales. Pero si las marramuncias y estupideces de la siempre tarifada oposición MUD venezolana, en pie de guerra y en la calle sin retorno, sin pajas ni dobles agendas, la gente allá acabó con Morales y sus secuaces.

¡Sin dudas! Con el apoyo abierto de las fuerzas armadas bolivianas, que rápidamente leyeron cual era el lado correcto de la historia y sacaron sus cuentas. Ni pendejos. Los militares bolivianos cambiaron de bando, cuando el asunto electoral cambió de verde a “maduro”.

Las fuerzas armadas en América latina siguen funcionadas. En Bolivia, tras años de “proyecto” multi-no-se-cuantas-vainas, no lograron extinguirlas. El virus de la corrupción y de las parodias ideológicas no alcanzó a destruirlas.

Acá, Adentro, en Venezuela las fuerzas armadas son solo un peligroso Cartel dedicado a la producción, distribución y lavado de dinero proveniente del negocio de las drogas, los metales radiactivos y preciosos y cualquier otra “cosita” que se atraviese y produzca dinero, en forma de rapiña de cualquier resto de riqueza de un país que una vez fue próspero.

Acá, en Venezuela, hace más de 20 años perdimos el “fiel de la balanza”. Acá, Adentro, solo contamos con miserables y ruines traidores al país y a su gente, que hacen de su vida un aquelarre balurdo con la basura violenta de los barrios, con los cuales se reparten el botín de las calles, las estaciones de gasolina, las alcabalas, la aduanas y hasta la reventa de la comida que sus “superiores” negocian con sus conexiones, para inclusive usar el hambre y las tremendas necesidades de su propia gente, como instrumento perverso de lucro indebido.

Acá, Adentro, no hay Fuerzas Armada. En Venezuela lo que existe es un gang de sicarios y delincuentes que se disfrazan de estado para hacer de las suyas con completa impunidad.

¡Eso es otra cosa! Acá, Adentro, sabemos que con “eso” NO se cuenta.

Y allá, en Bolivia, tampoco existe una oposición MUD asociada al NARCOGOBIERNO por las mismas razones de naturaleza mercantil por las cuales las FFAA venezolanos envilecidas son chavistas, socialistas, maduristas, bolivarianas y bla, bla, bla.

Allá en Bolivia NO hubo ni negociación ni arreglo alguno con el fraude electoral, que tomaron como la gota que derramó el vaso de un Evo, su estúpido proyecto y todo lo que éste representa, como una rendija de salida.

Allá en Bolivia no hubo un Julio Borges ni ninguno de su especie que juegan a los diálogos y demás imbecilidades, para luego pedir disculpas por sus repetidas “torpezas”.

Allá en Bolivia chiquitos, feítos, indiecitos, con sombreritos y trajecitos de alpacas de colores vivos tienen muchísimos cojones. Acá, Adentro y Afuera, con lo que contamos para “dar la cara” son con cientos de cabrones.

Todavía los mequetrefes del “Vamos Bien” del 2019 tienen el arrojo y la falta de vergüenza para felicitar al pueblo boliviano que se deshizo de Morales, con menos desgaste y menos costos asociados a la destrucción de nuestro país.

¡Hay que ser cara’e palo, vale!

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