Carlos Ortega: “Al despertar mi primer pensamiento es regresar a Venezuela”

Alfonsina Ríos / Venezuela RED Informativa

Carlos Alfonso Ortega Carvajal es tachirense, pero Punto Fijo lo vio crecer, “la ciudad del viento”, disfrutando de las dunas y cardones en el sol radiante del estado Falcón, comiendo queso de cabra y suero en totuma, que lo hizo fuerte para soportar las tempestades y salir airoso en las batallas que la vida le ha puesto en su destino.

Proviene de un estrato social muy humilde, con principios y valores de hogar de aquella época, cuando al levantarse, acostarse o despedirse se pedía la bendición a los padres. Llegó a ser uno de los líderes sindicales de mayor trascendencia de su país, desde la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV).

En el principio de la década de 2000, tuvo que escapar e irse de la nación caribeña por participar activamente en la gran marcha del 11 de abril de 2002 que desembocó en el derrocamiento por dos días del primer mandatario, luego vino el Paro Petrolero desde diciembre de 2002 hasta febrero de 2003. Fue radical opositor de Hugo Chávez, así como del actual régimen de Nicolás Maduro. En este momento se halla asilado en Perú junto con tres hijos, su esposa y su nuera.

“Lo peor que puede vivir una persona es el exilio, de manera que no me gustaría compartirlo con nadie. Esto es una situación que nadie debe vivir. Los griegos opinaban que después de la pena de muerte, el exilio era el castigo más severo y tenían razón”, comenta el líder laboral y político, quien tiene doce años fuera de su amada Venezuela. Sigue militando en las filas del partido Acción Democrática con arraigo en la base, pero opuesto a la directiva “genuflexa”, como la califica.

Ortega es un hombre de aspecto recio, sin embargo, percibo su sensibilidad por el amor a su familia y ver que su vida y corazón han sido dedicadas al bien de los demás, manifiesta en su lucha por defender al trabajador y por liberar a su patria: “Venezuela para mí lo representa todo, es la razón de mi lucha diaria y solo anhelo regresar”. Siento su elevada responsabilidad que, una vez más, deja sellada en la realización de esta entrevista para la que, aún enfermo con bronquitis, cumplió su palabra de conceder y que es publicada hoy, sábado, y así responder a los aspectos que tocan sus sentimientos, su persona.

El gobierno de Hugo Chávez lo acusó por conspiración y traición, enviándolo a la cárcel militar de Ramo Verde en Yare, estado Miranda. De allí se fugó con tres militares y como es un hombre de temple, dice no haber temido por su vida: “No, miedo jamás he sentido en esta lucha, ni siquiera he pensado sobre perder la vida o no, lo que siempre he temido es que no logremos rescatar la democracia y no pueda regresar a mi país. La fuga fue impecable, ninguna persona herida, ninguna pared o bien nacional dañado, en realidad fue un duro golpe al difunto y me di un gustazo solo de imaginar la cara del señor Chávez cuando se enteró”.

Recuerda que era la primera vez que salía de Venezuela en esas circunstancias de perseguido y narra que la travesía fue Maiquetía-Costa Rica: “Cuando salí, sentí dolor, tristeza, no quería abandonar Venezuela y menos a causa de luchar por la democracia y libertad que el señor Chávez estaba destruyendo. Al llegar a Costa Rica sentí el afecto de los amigos y la convicción de seguir luchando por el rescate de la libertad de Venezuela, la cual no he abandonado”.

La primera impresión que me da Ortega respecto a ese viaje a Costa Rica es una asociación histórica a la vivida por Rómulo Betancourt, líder político venezolano (uno de los más importantes del siglo XX), quien escogió a ese país para vivir en el exilio, un liderazgo de la vieja guardia, similar a la línea de este sindicalista formado en la esencia de la otrora Acción Democrática.

En su escape, el líder de los trabajadores orientó su rumbo hacia esa nación, que luego deja para regresar al país petrolero para continuar su lucha, de lo cual, nos cuenta sus razones: “Elegí Costa Rica, por la tradición democrática de ese país, además de mi amistad con el líder sindical y expresidente Luis Alberto Monge, en cuya casa me alojé. Regreso a Venezuela para el Referendo Revocatorio de agosto 2004, pues era un hecho que se ganaba, como en efecto se ganó, y ese era el plan: ganar el Revocatorio para sacar del poder al señor Chávez, el más grande traidor que haya parido nuestra patria. Se ganó, Chávez las trampeó y eso es historia harto conocida. Regresé por mi propia cuenta y riesgo, mi partido AD jamás me brindó seguridad y/o apoyo, y el régimen menos aún”.

En vista de ese regreso a Venezuela, dentro de mis preguntas se me ocurre citarle un refrán popular venezolano: “¿No pensó en el decir ‘chivo que se devuelve se esnuca‘?”, y fue contundente en su respuesta: “No, ni lo pensé ni lo pienso”.

Y hurgando en el sentir de una persona frente a sus captores, me asomo en la esquina de un posible miedo y le pregunto qué sintió cuando lo aprehendieron o si lo torturaron, y si no fue así, qué influyó para que no lo hicieran: “Nada en particular, estaba preparado para eso, porque esa era una consecuencia lógica de mi lucha contra una dictadura comunista. No me torturaron y creo que influyó el respeto y admiración que sentían hacia mí los funcionarios del CICPC y de la Fuerza Armada. Alguno una vez me dijo: ‘No entiendo cómo la gente decente como usted está presa y los malandros del gobierno en libertad’. Ese era el sentimiento hacia mi persona”.

-La dirigencia de Acción Democrática en el pasado tuvo tradición de asilados, torturados e incluso muchos perdieron la vida por la libertad de Venezuela, pero actualmente creo que el único de ese partido político que está en el exilio es usted ¿No le parece extraño?

-Sí, esa fue la tradición del partido en el pasado, pero creo que la misma se acabó con esta Dirección Nacional genuflexa, a Chávez ayer y a Maduro hoy. Imagínese dónde se fue la tradición, que mi fuga fue criticada por el Secretario General vitalicio de AD.

-¿En vez de asilado, si es necesario estaría dispuesto a trabajar en la clandestinidad y en la propia Venezuela?

-¡Sí, siempre! Si me tocara entrar hoy al país a trabajar en clandestinidad para sacar de cuajo la dictadura castrocomunista dirigida por un bandolero que ni es obrero ni es presidente, no lo dudaría ni un segundo.

-¿Qué sintió cuando llegó a Perú?

-Libertad.

Además comenta que el país inca “es su segunda patria”. Le gusta mucho la comida peruana, que para él es excelente, pero añora toda la comida venezolana, “hasta su olor”. En el país de “La flor de la canela” de Chabuca “encontré mi familia peruana: los García González y hermanos de la vida como Enrique Ramírez y otro amigo cuyo nombre no puedo dar. Anécdotas muchas”.

Cuenta Ortega que el exilio es duro y que en estos doce años de estar fuera de su país ha tenido ocasiones en las cuales ha pasado hambre y a veces se ha visto sin un centavo en el bolsillo. En Perú vive con su familia y de ellos sí ha tenido “respaldo afectivo, gracias a Dios me ha sobrado. Económicamente no llegan ni a tres las personas que incondicionalmente me han respaldado y respaldan”.

-¿Sus compañeros de partido lo han apoya económicamente? ¿Están en contacto con usted, o se siente abandonado?

-La base del partido está permanentemente en comunicación conmigo y sé que no pueden ayudarme económicamente, de manera que no estoy ni me siento abandonado por los compañeros de partido. Quienes jamás me han ayudado económicamente ni están en contacto conmigo son los de la Dirección Nacional.

Carlos Ortega estando en el exilio, recibió la peor de las noticias que puede recibir un ser humano, como fue la muerte de su mamá, la señora Angelina Carvajal de Ortega, y, aún más, privado de venir al sepelio.

-Sabemos que la pérdida de un familiar es muy triste, pero el fallecimiento de una madre es un dolor inmenso. ¿Cómo es ese dolor cuando se está afuera y más aún no poder regresar para acompañar a los otros familiares y verla por última vez?

-Sí, es muy duro, nada ni nadie jamás me devolverán estos años sin estar al lado de mi madre y no haber podido estar presente al momento de su muerte ni en la de Enrique y José Gregorio, mis hermanos.

-¿Qué sentimiento le produce el régimen específicamente por ese motivo?

-Una profunda rabia, un profundo desprecio hacia toda esa banda de ladrones, corruptos, narcoterroristas y traidores. El día que esta tragedia termine, que saquemos de cuajo a esos delincuentes, esa rabia se convertirá en una gran alegría. Sin embargo, respecto a la muerte de mi madre y hermanos no sé si podré decir que valió la pena.

-Sabemos que el expresidente del Perú Alan García fue su amigo y apoyo en sus peores circunstancias como fugitivo. ¿Cómo sintió el fallecimiento del exmandatario peruano?

-Sinceramente sentí una gran tristeza, me enteré muy temprano esa mañana por medio de otro gran amigo aprista, Jorge del Castillo, ambos estábamos impactados con la noticia. La muerte de Alan García es una pérdida irreparable para el Perú, para el APRA, para la democracia mundial y para sus amigos.

-¿Cuál es la mayor alegría que ha recibido estando fuera?

-La mayor alegría que he sentido estando en el exilio ha sido la muerte de Hugo Rafael Chávez Frías, el enano que destruyó moral, política y económicamente nuestra patria, que acabó con Venezuela y con el pueblo venezolano. ¡Ojalá que no descanse en paz!

-¿Cree que Venezuela está bien representada con los enviados de Guaidó por el mundo y si con Guaidó se producirá una adecuada transición?

-Hay honrosas excepciones y esas personas gozan de mi respeto y admiración. No sé si con Guaidó se producirá la adecuada transición, pero eso debería ser su principal responsabilidad y compromiso con el país y los venezolanos.

Finalmente le comenté acerca de la diáspora que, si seguimos como vamos, Venezuela en poco tiempo se quedará sin venezolanos.

-Si ocurre el tan anhelado cambio de gobierno, ¿qué aportaría usted para la reconstrucción de su país?

-Estaré donde pueda servir mejor a ese proceso de reconstrucción de la patria, gravemente herida por la bota de militares comunistas, corruptos y traidores, por la invasión castrocomunista y por el narcoterrorismo.

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