Carnaval

Editorial / Venezuela RED Informativa

En este CARNAVAL acá, en Venezuela, nadie lleva careta. Gobierno, oposición y el resto de los “acompañantes” de esta comparsa, andan sin disfraz. Ya no le paran. Trabajan hombro con hombro para levantar las sanciones de la Oficina Oval. Ponerse de acuerdo en el reparto del país y no salir mojados, a los ojos de un mundo cada vez más indiferente de nuestro asunto.

La fiesta haitiana de “ayudas” y “trasferencias unilaterales” de organizaciones y países tampoco para. La “caridad” internacional es casi tan buen negocio como la guerra. ACNUR, por ejemplo, nos sorprende con un balance para el cierre de 2020, que dice haber “tocado” a más de 4 millones de venezolanos en condiciones de migrantes. Increíble: en la Parada, el corazón del río de menesterosos que todavía huye del país, nunca se les ha visto regalar ni una botellita de agua a alguien. ¡Curioso!

Lo mismo que los paquetes de alimentos que llenaron varios galpones en Cúcuta, que terminaron en las calles del centro del país, en las mesas de los buhoneros de Valencia, Maracay y Caracas. 

El presidente de la comisión de política exterior de la Asamblea Nacional recién electa, Timoteo Zambrano, pide en nombre de los derechos humanos suspender de inmediato las sanciones norteamericanas. Además, sabemos que en Washington se está “trabajando” duro para resarcir a las “víctimas” de los Bonos PDVSA suspendidos en el tiempo.

Entre tanto, en la oscura selva económica de la nueva Venezuela neoliberal, el ritmo económico mejora su baile. Se trata de un enfermo, en “franca” recuperación.

El mundo de los negocios privados, solo y por su cuenta, sin la “asistencia” ni de la banca ni de los anticipos de un gobierno quebrado, empieza a caminar solito. De la tendencia de bodegones que se impuso el año pasado, ya estamos pasando a las ventas de de-todo. El país económico comienza a sumergirse en las complejidades de la formación de bienes durables.

La “temporada” de construcciones y remodelaciones, pequeñas y medianas, está llegando. Como desde hacía años que no ocurría: en Venezuela se está batiendo otra vez el cemento.

En este país, donde ya quedó muy poco que ocultar, el CARNAVAL pareciera ser una fiesta de todo el año.

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