Carta pública a Abdón Vivas Terán, exgobernador de Caracas

P. G. Adriani / Venezuela RED Informativa

Ha querido amigo Abdón Vivas Terán, exgobernador de Caracas, quien vive con su hijo en Ginebra, porque vivir en Venezuela es un inmenso calvario y también es morir cada día.

Amén mi querido Abdón por tu hermoso y solidario mensaje desde tan lejos en donde te encuentras a buen resguardo con Yolanda. Es muy difícil o es un lujo enfermarse de lo que sea en la Venezuela de hoy. Muy lejos de la que conocimos cuando fuiste diputado por Copei o gobernador de Caracas.

El país no era “nada perfecto”, pero estábamos en democracia. No teníamos un gobierno militar y comunista como el que nos ha azotado desde hace dos décadas, pero con Nicolás Maduro y Diosdado Cabello tocamos fondo.

Es una tiranía absoluta. Hasta anoche estuvieron en mi acera las FAES el organismo policial más aterrador y asesino del gobierno, los que matan a donde van en Caracas y en todo el país. Son los que se visten de negro y se encapuchan cuando entran en barrios y urbanizaciones a ejecutar personas, a cegar vidas. Este es el cuerpo policial que Michelle Bachelet en su informe de Derechos Humanos solicita que sea eliminado.

Ni con el General Pérez Jiménez esto pasó, según me lo ha contado mi papá Alcides que nació en 1930. Yo fui la mejor amiga de las hijas del teniente León Droz Blanco, mártir de la dictadura de los 50 y asesinado en Barranquilla, Colombia, por la Seguridad Nacional (SN) el 19 de junio de 1953 y sus restos fueron respetados y entregados de inmediato a su viuda Lola Sandoval de Droz Blanco. A esa familia, como me decían de niña en su casa, jamás Pérez Jiménez los tocó. No los violentaron nunca.

Para Pérez Jiménez y el mismo Pedro Estrada, la familia era sagrada y sus problemas eran solo con sus enemigos políticos o que Pérez Jiménez considerase que su vida podía correr peligro, como fue el caso con el teniente Droz Blanco, porque era el mejor tirador del país y campeón olímpico mundial en tiro y obviamente que era el mejor francotirador de las Fuerzas Armadas del país en esos momentos y Pérez Jiménez sabía que con Droz Blanco suelto lo iban a matar en cualquier instante y desde cualquier lugar sin que nadie lo viese.

Estas son las historias que conozco de primera mano. La historia siempre ha estado muy cerca de mí. Y yo ahora desde Longaray, Parroquia El Valle, a 200 metros de la Escuela Militar de Venezuela y del Fuerte Tiuna, estoy en el propio ojo del huracán militar y político del país.

Allí duerme Nicolás Maduro y todos los poderosos del gobierno. En el Fuerte Tiuna, entre otros lugares del gobierno, la gente vive o es torturada hasta morir, como sucedió con el asesinato del capitán de fragata Francisco Acosta, quien fallece precisamente el sábado 29 de junio, día de mi cumpleaños y santo. La parroquia El Valle, en donde vivo, es la zona más vigilada del país.

El hecho de que tengan full activadas las FAES en esta zona, en vez de la PNB o la GNB es de cuidado y me pone pensativa. Algo pasa o algo temen en el gobierno. Ya el Palacio de Miraflores no es el verdadero símbolo de poder en nuestro país. El verdadero poder está en Fuerte Tiuna o el Ministerio de la Defensa, justamente a 200 metros de donde vivo.

El país solo, sin ayuda militar del extranjero, no podrá salir de esta tiranía comunista. Dicen que todas las dictaduras son iguales, y yo digo que son muy diferentes las de los gobiernos comunistas y las de gobiernos de la Derecha, en ambos se irrespetan los Derechos Humanos, pero en gobiernos como el de Pérez Jiménez la economía era un sol de prosperidad. Había salud.

Los hospitales funcionaban de maravilla.

El mismo Pérez Jiménez los visitaba por sorpresa en cualquier madrugada. Había seguridad y total limpieza en todo el país. Había pleno empleo y el Bolívar como moneda era con el marco suizo y el dólar la moneda más fuerte del mundo. Los muertos de la dictadura de Pérez Jiménez no eran ultrajados y violentados como hace el gobierno de Maduro con los restos mortales de sus víctimas.

En la dictadura de Pérez Jiménez, los familiares de las víctimas los podían llorar en los funerales que se hacían antes en nuestros hogares. Tenían cristiana sepultura y los esbirros de la SN de Pedro Estrada respetaban esos momentos. Con este gobierno, ni esos momentos de dolor los respetan.

Sus víctimas, luego de ultrajados sus restos, los entregan cuando les da la gana y siempre de noche, para que la familia inmediata los entierre de “inmediato”, callados y sin funerales. Deben enterrar a sus seres queridos sin tiempo de llorarlos, encima del ataúd, sin un cura al lado para bendecir con una misa esos restos mortales. Estamos en la Venezuela en la que los muertos de la tiranía no pueden ser llorados, ni tienen tampoco derecho a un funeral. La saña del gobierno con sus “enemigos” continúa con sus muertos (los que asesinan) y también la familia y amigos de las víctimas siguen bajo sospecha.

Un gran abrazo mi querido amigo desde la parroquia El Valle hasta Ginebra. Té mantendré informado. Escribe de lo que pasa en Venezuela desde Suiza. Multiplica los ruegos de los venezolanos, como yo que tanto te estimo. Un gran abrazo.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: