Chip

Editorial / Venezuela RED Informativa

Para avanzar. Para sacar al país de este chiquero enorme en que ha convertido la porquería del siglo XXI a toda Venezuela, hay que cambiarse el chip. El próximo paso es superar la lista de calamidades. Recordarlas, claro. Mantenerlas muy presente, desde luego. Pero solo para usarlas como un potente combustible colectivo que nos conserve la ira y la sed de justicia, en contra de todos aquellos salvajes que en menos de 20 años acabaron con una hermosa nación. De lado y lado.

Sin considerar perdón alguno, como tampoco ellos han tenido ni un poquito de misericordia para con las miles de familias destrozadas por la diáspora de la miseria. O por la ruina a través del robo inmisericorde de cuanto recurso o riqueza, estos hampones que nunca han sido capaces de crear, se han embolsillado en nombre de la revolución.

Más allá de la quejadera, todos los venezolanos debemos poner finalmente la carreta detrás de los burros. Enfocar nuestro odio y nuestra rabia en el sentido útil de los objetivos/país, de arrancar de raíz a estas malas hierbas. Sin arreglos de ninguna índole. Sin cuentos de convivencia o coexistencia o aceptación de las “diferencias”. Muy por el contrario. Como hacen ellos: ¡o ellos o nosotros! Porque no cabemos los dos grupos en los mismos casi millón de kilómetros cuadrados que tenemos.

Que lo consideren, si quieren, “instigación al odio”. La verdad es que solo se trata de una verdad tan grande como un templo: ¡ellos no pueden siquiera ser considerados como venezolanos! Han rifado a todo un país al mal, solo por lochas. ¡Son lo peor de lo peor!

Por eso, si el capitán Cabello superó o no los cuidados intensivos, NO puede ser la agenda de una nación atrapada por las más siniestras fuerzas del mundo actual. Su desaparición, como la del resto de los facinerosos que les siguen a ellos en la construcción del “hombre nuevo”, no es más que un deseo colectivo. Válido, sin duda. Pero que de ello no depende, ni mucho menos, el futuro de nuestros hijos y ni del de nuestros nietos en una Venezuela del Día Después.

Tenemos que empujar nuestro destino. Un manual de Resistencia activa frente a los invasores se impone a la Venezuela perdida en chistes ingeniosos encadenados desde el WhatsApp.

Enfrentar a los tiranos es lo único que el pueblo puede hacer, por su cuenta, con o sin acompañamiento del liderazgo dormido nacional, desde la mismísima tapa de la barriga.

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