Cobas

Editorial / Venezuela RED Informativa

¡En Venezuela NO caben ellos! Mucho menos podemos compartirla. Eso es imposible. Acá, en este país, no pueden estar juntas la porquería del siglo XXI con el resto de la nación. Porque nadie cambia a su país como si fuera una barajita repetida a un grupo de mafiosos internacionales por unos cuantos millardos de dólares y luego salir a comerse las hallacas de su mamá en diciembre como si acá nada hubiese pasado.

Estos malvivientes NO pueden ser venezolanos. Son parte de los ejércitos de invasión que han invitado para robarnos y atropellarnos. No los arrulló la “viva Diana”, ni son “hermanos de la brisa, ni de las garzas, ni de la espuma, ni de nuestro mismo Sol”. Estos tipos provienen de la punta de algún oscuro y mortífero barrio marginal, feo y violento, donde la esperanza de vida de los más jóvenes no supera los 27 años.

Que nadie venga ahora a pedir convivencia con estos depredadores. Es que no es posible respirar el mismo aire con torturadores de oficio que atormentaron, violaron y asesinaron a nuestros jovencitos de las guarimbas, en cámaras de horror diseñadas por monstruos cubanos e iraníes.

Estos NO son políticos. Solo han sido, y son, vagos y vividores del presupuesto nacional. Solo son un cáncer colectivo, con profundas metástasis en la sociedad.

Han construido un “estado” paralelo con los elementos más sucios, dañados y enfermos del país para atormentar, saquear y asesinar a una población indefensa y desarmada. Son el espejo envilecido de un fulano acomplejado que gustaba golpear a las mujeres, que pudo y no fue el contrapeso de una época-país explotada por los mismos malandros de cuello blanco, que 20 años después siguen igualitos, asociados al poder.

¡No nos caigamos a COBAS!  Venezuela es hoy por hoy un caso quirúrgico. De pronostico reservado. De gangrena avanzada. Solo con la mutilación de una parte de su cuerpo social, la nación entera puede volver a caminar. Cojearemos al principio. Usaremos bastón o muletas. Nos llevará seguramente mucho tiempo la rehabilitación, pero habremos logrado sobrevivir como organismo.

Si todo eso no ocurre, si no somos intervenidos de urgencia, podremos contemplarnos en el retrato hechizado de todo lo malo que significa la pobre y envilecida Cuba de la “revolución”.

¡No nos caigamos a COBAS!

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