Cogito ergo sum

Santos Luzardo / Venezuela RED Informativa

Lo que en inglés significa: I think, therefore I am y en español: pienso, luego existo, célebre pensamiento del filósofo René Descartes, no es otra cosa que el extraordinario sistema que tiene la mente para experimentar la existencia en este plano físico.

Tiene, como todo, su parte positiva y negativa y eso estará determinado por cómo se use, es decir, con la calidad de pensamientos que genera.

El pensamiento generalmente está asociado a las creencias que se van instaurando en nuestra psiquis desde temprana edad, a las experiencias vividas y la interpretación que hacemos de cada una de ellas y a las referencias grabadas en el subconsciente.

Pero nunca esos pensamientos son la realidad ni siquiera porque coincidan con ella, la realidad es una y el pensamiento es otra cosa.

El pensamiento nos permite la interpretación de la realidad y no la creación de ella, de esa interpretación depende nuestra actitud y los sucesivos pensamientos, que modificarán la percepción y en consecuencia nuestra experiencia. El pensamiento no crea la realidad sino la interpreta y puede modificarla en cuanto a la percepción que tenemos de ella.

De hecho, generalmente se dice acertadamente que se sufre más por lo que se piensa que por lo que en realidad es. Es decir, muchas veces solo tenemos pensamientos errados de la realidad y no siendo satisfactorios nos generan sufrimiento.

Cuando conocemos que nuestro pensamiento estaba errado y que la realidad no era negativa, según nuestros intereses o deseos, le damos gracias a Dios, como si él fuera el pensador que produce tales pensamientos.

Decir que la mente crea todo no es cierto, crea solo la interpretación de lo que captan los sentidos y de allí la experiencia.

Tener mente positiva es una conducta que debe observarse, pero no modifica ni crea realidades sino la manera correcta o favorable de asumirlas.

¿Cómo se logra con tanta adversidad que nos presenta la realidad?

Lo primero, es entender que la realidad es manipulada por nuestra psiquis con el conjunto de creencias ya referidas y ahora le sumo el desconocimiento del plan de vida trazado antes de encarnar, el destino de las almas.

La fe debe ser un hito de fortaleza para la mente positiva, por creer en una verdad absoluta, que es la perfección del plan de Dios. Nada es incorrecto o sin correspondencia, todo es justo y oportuno. Claro, esos conceptos no caben en el constructo teórico vivencial que conocemos, pero no lo hace irreal.

También debemos usar la forma de cómo tomar el control del pensamiento, abandonando el deseo mal creado de adivinar, acertar o coincidir nuestro pensamiento con hechos futuros, mala praxis que genera expectativas, error y sufrimiento. Si logramos salir de ese escollo, seremos libres y aprenderemos a vivir el presente sin los miedos que nos llevan a querer ser adivinos para prepararnos en una constante lucha contra el destino.

Tomar el control del pensamiento demanda conocer y reconocer la capacidad para hacerlo, aunque una persona no se sienta en condiciones de llevarlo a cabo, por diferentes etiologías o razones. Es necesario en cualquier caso aceptar ayuda.

La línea de pensamiento positivo también requiere vivir una relación continuada de socialización, pues la mente en soledad se hace vulnerable y débil. El hombre es fundamentalmente gregario por esa condición de poder pensar.

Cuando la condición vivencial ideal para una mente sana se cambia o deteriora por cualquier variable, ponemos nuestra mente en problemas por lo que de inmediato hay que buscar o volver a las condiciones ideales, sino es físicamente posible hay que apelar a la creatividad, otra de las tantas capacidades de la mente. En la obra el Náufrago, el hombre solo en esa isla se inventó hacer una cara humana en un coco y le sirvió de compañía e interlocutor, pues lo que no se debe nunca es abandonar la lucha por la paz, que es la lucha contra los malos pensamientos.

Luego, interpretando a Descartes, pienso y luego creo en mi mente toda la realidad en la que existo y como existo y lo vivo como cierto en sufrimiento, felicidad o ambas.

De los Caballeros de Fénix

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