¿Cómo consigue la libertad quien no la conoce?

Santos Luzardo / Venezuela RED Informativa

Metafóricamente le pasa por un lado a la libertad que busca y no la encuentra porque no la conoce.

Un hermoso relato de Martí cuenta que un hombre llegó a Caracas de noche, agobiado de cansancio y no preguntó dónde podía comer o dormir, preguntó dónde estaba la estatua de Bolívar y fue a la plaza y en medio de los árboles lloró contemplando la estatua que parecía moverse como un padre tratando de consolar a un hijo.

La gloria de ese hombre infinito está en su espíritu que después de 190 años aún se percibe majestuoso con la solemnidad del templo que guarda culto al sacrificio, al heroísmo, al ejemplo, a la constancia, a la conciencia de servicio, a la hidalguía, al decoro, a la gallardía, a la guapeza y a toda virtud.

“Un pueblo pervertido si alcanza su libertad, muy pronto vuelve a perderla, porque en vano se esforzarán en mostrarle que la felicidad consiste en la práctica de la virtud…”.

Como vemos, la práctica de la virtud es la libertad. Esos adjetivos con los que se califica en justicia a El Libertador resultarán retóricas para muchos que viven encadenados al deshonor, donde la virtud es incomprendida y vacía.

La antipolítica es la más atroz de las cárceles. Vivir mintiendo y mantener las mentiras es vivir preso en el abismo impío de la inmoralidad y antivalores y así han enseñado a vivir al embelecado pueblo.

La ociosidad política es la fuente inmunda de todos los vicios, que encarcela con merecida crueldad a sus actores, pero lo más perverso es que cautiva y hace cautivo al distraído de la virtud y se embelesa con lisonjas fraudulentas de acceso fácil e inmerecido a lo material y personal.

Todo ofrecimiento de los auto llamados líderes, muestra el cruel ejemplo de la prisión, el “vamos bien” de unos y el “venceremos” de otros son ejemplos entre muchos otros, que destruye la virtud y pisotea lo más noble de un pueblo que es su inocencia. Pobre gente muriendo de inanición y que no le duela a nadie, lo llenan de miedo con mentiras que es lo único que hacen bien los malhechores de la antipolítica, para que pueda el pueblo morir de hambre sin atreverse a protestar.

Cualquier encadenado en los vicios infames de la antipolítica diría: “Que exagerado”, otros dirían: “no digas eso porque no recibirás beneficios de los políticos que críticas cuando estén en el poder”. Claro, es que no conocen que El Libertador también dijo: “Que el ejercicio de la justicia es el ejercicio de la libertad”.

¿No debemos cumplir el mandato del artículo 1 y Preámbulo de la Constitución que manda seguir el ideario de El Libertador?

Los pueblos son sumidos en la ignorancia para esclavizarlos, lo separan del derecho a la virtud, le impiden decir la verdad como única fuente de la justicia y, por ende, de la libertad, lo encadenan a los vicios y al miedo y los despoja de toda posibilidad de exigir los derechos que consagra de manera enunciativa su libertad.

¿Qué libertad buscan si están encadenados a la mentira? Busquen al hombre honorable que ha podido mantener la antorcha de la libertad, que es luz como El Libertador y huyan del que vive en las tinieblas como los que destruyeron a Venezuela y todo el que ofrece componerla con las mismas ofertas discursivas y grandilocuentes, pero arteras y oprobiosas.

¿Cómo alguien libera a otro si está encadenado?, ¿cómo alguien enseña a otro la libertad que no conoce porque ha vivido en la esclavitud de la mentira? ¿Cómo los de la antipolítica pueden alumbrar el camino desde su propia oscuridad?

¿Qué hacer?, liberar su mente y su corazón y admirarse de la luz que crea la verdadera libertad en torno a sí mismo, entonces tendremos cómo ofrecer libertad, no es retórica filosófica, es la práctica de la virtud.

Identifica la mentira en los discursos políticos, en el funcionamiento de las instituciones, en el actuar de la gente contra sus hermanos por estar perdidos en la confusión de la supervivencia y la anarquía, en las relaciones internacionales, en los funcionarios públicos. Parece paradójico, los únicos que actúan de acuerdo a su verdad, sin mentir, son los delincuentes, que cometen todo tipo de desmanes porque no tienen que ocultar su infierno.

¡Libertad, ay libertad!, que no te entienden, por lo que vivirás libre sin que nadie te atrape para favorecerlo. ¡Seremos libres, cuando encerremos la libertad en nuestros corazones!

De la Orden de los Caballeros de Fénix


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