Contra

Editorial / Venezuela RED Informativa

La izquierda germina y estropea países enteros, cuando la derecha le mama el gallo a las necesidades colectivas. El triunfo electoral de Luis Arce en Bolivia, secuas del ridículo Evo Morales, no es un producto aislado de la demencia colectiva, ni de la estupidez mayoritaria de los bolivianos. En ese país, aparte de contar con el capítulo andino de la MUD, el gobierno interino que deshizo al anterior resultó incapaz de materializar la más mínima acción desde lo público, que abriese oportunidades para el progreso y el mejoramiento en la calidad de vida de la gente de a pie.

Igual ocurrió con el sonado caso del gobierno de Mauricio Macri en la Argentina. Su increíble incapacidad para enfrentar los enormes problemas pendientes de ese país le abrió la puerta trasera al Justicialismo, en su versión caricaturesca del Kirchnerismo.

La cuenta corre igual para Chile. Si las cosas fueran tan bien allá, medio país violento y obstinado no saldría a quemar estaciones del metro de Santiago y a incinerar iglesias.

La gente común no es ni antisocialista ni antibolivariana, solo por llevar la contraria a estos delincuentes internacionales. La gente de a pie, la gente corriente, necesita verse en la foto del futuro de sus países. Quiere, necesita, montarse en el vagón colectivo e inclusivo de la prosperidad. En aquello de aumentar su patrimonio, su calidad de vida.

La realidad alternativa en que vivimos millones de seres humanos en este hemisferio nos ha obligado a apostar nuestro destino en individuos como Manuel Rosales o Enrique Capriles. Mamarrachos que solo han representado en un tarjetón electoral el contrapeso a plagas como Hugo Chávez o Nicolás Maduro. No porque su oferta/país coincida, esté en línea, con lo que necesitan nuestras mayorías para triunfar en la vida. Nada más han significado una empobrecida CONTRA del brujo del barrio, para protegernos del mal de ojo. Ha llegado el tiempo de enfrentar al Foro de San Pablo con la Mesa de Caracas.

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