Corso

Editorial / Venezuela RED Informativa

El futuro político de la oposición venezolana está en las manos de la imaginación colectiva.

La Comisión Delegada de la Asamblea Nacional de siempre confirma a golpe y porrazo a Juan Guaidó como el “mandatario” de la “transición” eterna. Ungido por Barboza y la siempre confiable cuerdita de bates quebraos que le hacen barra, el presidente de la transición, que no transita hacia ningún lado, es como un rey vitalicio. O como un viejo truhán con parche en el ojo y pata de palo del Caribe del siglo XVII, al cual el soberano le expedía una patente de CORSO y así podía hacer con los bienes de otros lo que se le viniera en ganas.

Porque lo cierto es que solo un selecto grupete de hampones de cuello blanco, vinculados a la MUDa, son quienes controlan los hilos de las fuentes de financiamiento y transferencias de fondos del Mundo Libre, “donados” para empujar la recuperación de la democracia en nuestro país.

Así pues, Guaidó, termina siendo una suerte de Alí Baba del trópico, que se conoce el “ábrete sésamo” con que se abren las puertas a las maravillas de las “ayudas” destinadas a socorrer al pueblo venezolano.

¡Pendejos afuera, o cómplices, si no se han enterado todavía que acá nada de lo que han enviado ha llegado a las manos correctas! Con el dineral que ha corrido se han pagado y se pagan las cuentas de docenas de facinerosos que han hecho del oficio de hacer oposición el negocio de sus vidas. Una vez que escasearon los fondos a compartir con el gobierno bolivariano por contratos, guisos y negocios, se han reinventado en alta mar.

Poquísima gente se traga el cuento de la presidencia de transición. Cada vez es más claro y nítido que de lo que se trata es de la renovación de la patente de CORSO para asaltar los bolsillos ajenos.

Que ni Guaidó, ni López, ni la Delegada representan al pueblo venezolano. Todos ellos son una parte fundamental del problema político/país.

Está más que visto: por ninguno de ellos pasa solución alguna que apunte a la recuperación de la libertad en nuestra tierra.

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