¿Cuál es la jugada?

Santos Luzardo / Venezuela RED Informativa

En política, al estilo venezolano y con sus jugadores demagogos en su mayoría, la respuesta a esa pregunta siempre será la maniobra artera, el ardid y fraude como modus operandi, el interés personal como norte, con algunas variantes partidistas o de tribus como fueron llamadas o grupos o cárteles como predomina ahora.

Hoy se han incorporado al juego muchos militares y además de manejar una gran red de negociados ilícitos, se perfilan con aspiraciones políticas como mecanismos de permanencia en el poder para el retiro como militares activos, por lo que su ocupación es de complicidad en componendas políticas oprobiosas.

Se conoce bien cómo los políticos y sus militares evalúan y tratan de aprovecharse de las variables sociales como ahora el pronunciado descontento generalizado y manifestado con protestas por la crisis nacional en dieciocho ciudades del país.

Sin embargo, no hay evidencias creíbles que los militares trabajen descoordinados de Maduro. Lanzan comunicados de posibles golpes de Estado y demás informaciones con el fin de distraer a la población. Los artífices siempre son los mismos, de donde destacan el G2 cubano, Ramos Allup, Julio Borges y hasta el mismo Guardó.

El gran tema central es agotar el tiempo hasta llegar al 6 de diciembre para inducir al pueblo a participar en elecciones inconstitucionales, sin garantías, con el fin de legitimar al régimen tiránico y los beneficios de la oposición y evitar las acciones de los EEUU y la coalición de países aliados.

Nada que no se sepa y se haya catalogado como ganar tiempo, oxigenar al narcorégimen de Maduro y sus acólitos y llegar a 2024.

Frente a ese escenario, que es el mismo de siempre, la Sociedad Civil Venezolana debe mantener la lucha y hacerla más frontal, intensa e inédita, con el gran propósito de apoyar las acciones del gobierno de los EEUU y la coalición en favor de la libertad de nuestro país.

Con los políticos de vieja ralea y sus hijos nunca ocurrirá nada diferente a la corrupción a la sombra de sus negociados entre desalmados, por lo que hoy muchos están bajo investigación federal en diferentes cortes de los EE.UU.

El 12 de enero de 1824, desde el Palacio Dictatorial de Lima, El Libertador decretó pena de muerte a los corruptos y cuatro años después, en carta dirigida a la Convención de Ocaña, en junio de 1828 escribió: “La corrupción de los pueblos nace de la indulgencia de los tribunales y de la impunidad de los delitos, mirad que sin fuerza no hay virtud y sin virtud perece la República”. Debemos cumplir con Simón Bolívar, lo manda la Constitución en su Preámbulo y artículo 1°.

Alerto de la maniobra de los politiqueros de siempre de pretender sacar provecho y protagonismo de las protestas que son espontáneas, nacidas de la iniciativa del pueblo que sufre y llora sus muertos junto a su miseria, como nunca lo hicieron los demagogos.

De la Orden de los Caballeros de Fénix

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

doce − siete =