¡Dejen de joder!

Editorial / Venezuela RED Informativa

Tras el anuncio sobre la donación de sopotocientos millones de dólares para ayudar a los “pobrecitos” venezolanos que están dando tumbos por medio mundo, sale disparado Gerardo Blyde a buscar el regalote. O sea: ¡Zamuro cuidando carne!

Hasta el señor Maduro pone el grito en el cielo. De la limosna, que es tan gorda, no le toca ni un poquito. ¡Qué broma! Quedó por fuera, igual que las mismísimas guayaberas.

Como es del conocimiento público, gobierno y oposición en Venezuela se reparten al país como si se tratara de un alijo robado. Y, en esta vuelta, parte del botín que dejó tirado en su fuga la democracia participativa y protagónica a la cual también le tocó emigrar, solo se lo están cogiendo los “buenos” de la película. ¡Y eso NO debe ser!

Blyde, que como alcalde de Baruta se graduó como un total inútil e incompetente administrador de lo público, tiene muy malas referencias y peores mañas. Pero el asunto es que él es parte fundamental de la gang de pedigüeños que saben hablar en inglés, dedicados a explotar las penurias y necesidades de los millones de venezolanos que están regados por todo el mundo pelando bolas.

Desde el Affaire Carmona, fulano que por años se desempeñó como empleado de su familia, Blyde está en todas. Aunque apenas sale y poco se le ve. Los influencers que le administran la imagen, solo lo sacan del clóset cuando la ocasión verdaderamente lo amerita. Cuando el “santo” repica, y repica sabroso.

Mientras tanto, mientras se sigue moviendo la escalera mecánica del gobierno Biden/Harris hacia el desmantelamiento completo y total de las viejas sanciones sobre el ahora “legitimo” gobierno bolivariano, Juan Guaidó hace otro de sus famosos pronunciamientos: “¡Todos podemos ayudar!”.

Venezuela sigue sin remedio y sin compón. Por donde metas la cabeza una triunfante oposición se empeña en mostrar sus logros imaginarios.

Entre tanto, el chavismo, junto con las fuerzas del mal y de la predación que no le desamparan ni de noche ni de día, debería chuparse un limón. Es la única manera conocida para cambiar la cara de contento y de alegría que no pueden dejar de mostrar, tras alcanzar sin mayores esfuerzos, llegar a noviembre con unas elecciones consensuadas con el resto del mundo libre, para que DEJEN DE JODER, y puedan los “revolucionarios” seguir haciendo lo que mejor ellos saben hacer: ¡Acabar con este país!

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