“Disparen primero y averigüen después”

Santos Luzardo / Venezuela RED Informativa

Quizás esa expresión atribuida a Betancourt, debería ser el método, pero sin armas, para acabar con el populismo, la burocracia, la demagogia y el clientelismo que creó el marco político cultural que acabó con Venezuela.

El día 18 de octubre, como es hoy, pero del año 1945, ocurrió el fatídico quiebre de la naciente democracia venezolana, la que murió al nacer.

Luego de 27 años de dictadura, que la historia verdadera reseña como corresponde etimológicamente y como necesaria para, por primera vez, lograr aunque con muchos defectos cierta solidez y unidad institucional como República, comenzó la transición a la democracia con el Gral. López Contreras y luego el Gral. Medina Angarita, quienes dieron nacimiento a la democracia que se conoció en Venezuela. Al estilo metafórico, esos generales fueron los padres indiscutibles de la democracia.

Ocurrió que el bachiller Rómulo Betancourt, Mario Vargas y otros comunistas de la época conspiraron con algunas facciones del Ejército para deponer al demócrata y pacífico Medina que no opuso resistencia por evitar muertes y se entregó al Teniente Coronel Pérez Jiménez, quien rehusó participar del golpe, “por estar involucrados sujetos como Betancourt”.

La Junta de Gobierno no fue instalada hasta altas horas de la noche porque Betancourt estaba escondido y no tenía noticias ciertas y confiables del triunfo de la felonía, por lo que Mario Vargas tuvo que llevarlo obligado a juramentarse. Desde ese suceso comenzó a abandonarse la incipiente democracia y a imponer el populismo, la burocracia, la demagogia y el clientelismo, lo que se convirtió en una cultura política con la fuerza para sobrevivir por 71 años hasta el presente con una interrupción próspera de algo más de cuatro años que también, equivocadamente, llaman dictadura.

Aunque muchos clientes alegarán que es una mera opinión, esos cortos años fueron la única experiencia democrática del país, lo demás ya lo he denominado y desde las entrañas de su barbarie. Tomo la frase del título para exponer que, con una verdadera contraloría de gestión de la función pública, podríamos aspirar a volver a la democracia, pero: boten primero y averigüen después.

Por millones se cuentan los empleados públicos ineficientes, negligentes, irresponsables, inidóneos, corruptos y clientes de los políticos que derrumbaron el país. Es tan monstruoso el peso de tanta gente con tan infames vicios que un emporio de riquezas colapsó en relativamente poco tiempo, gracias al desamor de los políticos por Venezuela y por sus connacionales. El Libertador los fusilaba por eso.

Han sido desalmados sin corazón que, por imitación y siguiendo ejemplos asquerosos actuaron como demagogos, dominando con tiranía a los plebeyos como les gusta mantenerlos en la ignorancia, con halagos, falsas promesas al pueblo para convertirlo en instrumento de la propia ambición política.

Crearon la cultura clientelar como negociado extraoficial de favores regulados por los políticos como prestaciones y contraprestaciones obtenidas a través de su función pública y contratos relacionados con ella, a cambio de apoyo electoral.

Esa ha sido la Venezuela de la política populista con su cultura de ganar la simpatía de los votantes ignaros, aún con ofrecimientos contrarios al bien del Estado y todo ese pillaje imperdonable desde sus escritorios en oficinas que se renuevan con suntuosos excesos con el dinero del pueblo.

Cuando aparezca un político que bote primero y averigüe después cómprelo, no lo deje ir.

De la Orden de los Caballeros de Fénix

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