¿Dónde estamos parados?

Adriana Vigilanza / Venezuela RED Informativa

Pasó el momento de los diagnósticos. Ya la propia alta Comisionada para los DD.HH. de la ONU, determinó que en Venezuela hay violaciones masivas a derechos humanos. Eso no pasa sino en el terreno de una tiranía.

Insistir en que estamos en una “crisis política” termina por ser cooperar con esa tiranía. Es “bajarle el volumen” a esas atrocidades, que ningún político se atrevería a cometer porque dejaría de ser político para pasar a criminal. Peor aún cuando esa tiranía lo que persigue es legitimar los capitales robados en lo que es la mayor estafa que nación alguna en el planeta haya podido sufrir. Tal vez un caso similar fue la Guinea Ecuatorial, pero el nuestro es 100 veces peor, en magnitud.

No deberían malgastar sus energías en diagnósticos por cuanto 18 años de diagnósticos ya son suficientes. A la gente normal eso no le interesa. Por eso toman sus cuatro cosas y se largan del país.

Tal vez lo único que valga la pena sea explicarles a los expertos que expusieron que existe el derecho humano a la rebelión y que éste surge de la propia declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. Y que hay aproximadamente 2300 efectivos militares, fuera del país, dispuestos a ejercer su rol de reestablecer la vigencia de la Constitución. Para lo cual requieren ser reconocidos por el gobierno encargado. Lo mismo pasa con el sector policial. Siendo Guaidó presidente, sería la autoridad máxima de ambos y establecería las reglas de su participación. Necesita dejar de ser un hombre en campaña electoral y convertirse en un auténtico estadista y Jefe de Estado.

Debe ganar poder de coerción. Si allá adentro no puede decirlo y articularlo, porque lo matan, debe salir al exilio y liderar la liberación de Venezuela. Debe negociar los fondos necesarios y si no consigue convencer a los países de la región, exigir que le brinden los recursos para adquirir la gobernabilidad de la que carece.

Cualquier otra cosa que se piense, en el terreno político, es coexistir con el crimen organizado y aceptar ser legitimadores de sus capitales. Para beneficio de pocos y no del colectivo. La farsa de elección que se ve venir lo único que va a conseguir es legitimar a esta monstruosidad. Como se ha venido haciendo desde hace demasiado tiempo.

En sus conciencias quedará si no exigen a la dirigencia que se llama de oposición, en Venezuela, un auténtico cese de la usurpación, que por supuesto, no se limita a que Maduro, voluntariamente, se separa del cargo.

¡Qué Dios los ilumine!

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