El camino que no se encuentra

Santos Luzardo / Venezuela RED Informativa

Cuando el ejército blanco avanzaba en Petrogrado, ganándole batallas al ejército rojo, el alias Lenin mentía a sus partidarios haciéndoles creer que iban ganando para lograr la unión. Cuando Fidel Castro avanzaba desde el oriente de Cuba hacia La Habana también perdía batallas y engañaba a la gente para animarlos a unírseles. Ambos ejemplos históricos estaban signados por el arma de los incapaces, la mentira, pero a pesar del infinito lastre de la incapacidad triunfaron en sus oscuros propósitos por haber logrado consolidar la unión.

Quizás con inocencia pregunto, ¿por qué si los malos saben del poder de la unión y hasta mienten para lograrla, por qué los buenos no tratan de lograrla cuando la fuerza de la verdad está de su parte?

El Libertador se refirió dos veces a la unión en su lecho de muerte. A siete días de su partida, en su última proclama, si valoramos su inteligencia, formación, experiencia, genialidad y su grandeza, sería obligatorio pensar que la unidad es el camino, ya que en tan extremas circunstancias y en tan cortas palabras, nos pide que todos luchemos por el bien inestimable de la Unión, con mayúscula como lo mandó a escribir, y luego como declaración solemne de quien estima, que, por sus luchas, merece nuestra atención. Dijo que bajaría tranquilo al sepulcro si la Unión lograba consolidarse.

El cese de los partidos no refería otra cosa más que terminar con la mentira, con la que los líderes políticos pretendían fingir una unión que nunca se consolidó.

Siempre fue una de sus prédicas más consecuentes. En su discurso ante el Congreso de Angostura dijo: “para sacar de este caos a nuestra naciente República…. y el espíritu nacional en un todo. Unidad, unidad, unidad, debe ser nuestra divisa”.

La unión corresponde a una fusión de voluntades, con sentido de responsabilidad y compromiso por aportar virtudes de convicción sobre el valor de lo que se persigue, de amor por el deber colectivo antes del querer personal. Todo en una sola dirección de propósito produce la fuerza que se requiere para lograr los más altos objetivos en cualquier empresa, por difícil que sea.

Pero nunca, jamás, la unión será un club de amigos en sede de catarsis.

Venezuela hoy como antes demanda de sus hijos la unión en sentido superlativo. Los dirigentes deben entender que la más excelsa de las virtudes de un líder es lograr la convocatoria de voluntades por la unión, eso es inspiración, pero nunca arrogarse para sí la unión que surge de la necesidad del pueblo y que se desvanece tan pronto ven insatisfechas sus esperanzas. La mentira tiene patas cortas dice el aforismo.

Digan la verdad al pueblo, ofrezcan lo confiable por seguro, no más tratados en la oscuridad irrespetuosos de la agonía del pobre pueblo de Venezuela, atrévanse a enfrentar el compromiso con la historia, que hoy significa lograr la coalición de ayuda para salvar a Venezuela como antes lo hizo Bolívar. Solos no podremos.

Es tiempo de la verdad para conquistar la unión y que nuestro Simón baje tranquilo al sepulcro. Ese es el camino que solo transitan almas nobles en cuerpos de verdaderos ciudadanos.

De la Orden de los Caballeros de Fénix
Santos Luzardo

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