El colapso económico acorraló a Maduro

Glenda Romero / Venezuela RED Informativa

Nicolás Maduro ya no puede como su antecesor, echar mano de la chequera petrolera y utilizarla como instrumento de dominación política, ni tampoco dispone de mecanismos para recuperar la industria de los hidrocarburos, que el mismo chavismo llevó a la quiebra. Después de un año, el oficialismo no ha podido ver los frutos de la comisión “Alí Rodríguez Araque” con la que pretendía la reactivación de la estatal PDVSA.

El gobierno no ha logrado resolver lo atinente a la producción del consumo interno de gasolina, mucho menos ha podido ser exitoso, en lo que ha exportar derivados del petróleo se refiere.

Maduro tampoco ha logrado alcanzar los ingresos suficientes para cubrir el gasto público y de paso se ha visto obligado de forma permanente, a financiar a las empresas públicas, a través de dinero inorgánico, es decir el Banco Central de Venezuela se ha mantenido realizando emisiones de dinero sin respaldo, pero sin producción nacional, ni reservas internacionales que funcionen como garantes de ese desorden financiero.

La moneda nacional, o sea, el bolívar está perdiendo valor de forma recurrente, en lo que pudiéramos llamar una dolarización de facto, lo cual hace que los precios de todos los rubros, se disparen sin ningún tipo de controles, frente a un ciudadano cada vez más empobrecido, que carece al mismo tiempo de lo más básico para vivir, por ejemplo, alimentos y medicinas.

El empobrecimiento de la población supera actualmente el 80%, en medio de una cuarentena por el covid19, que obliga al encierro y dificulta la capacidad de producción para sobrevivir.

El colapso económico del país, es inédito en la historia, los venezolanos ganan en su mayoría aproximadamente un dólar al mes y a la vez sufren el azote de la inflación y el desempleo más elevados del mundo.

Sin duda, ha fracasado en Venezuela la imposición del esquema económico del socialismo del siglo XXI, que consistió en recargar al estado de toda la actividad económica y a la vez arrinconar a la empresa privada.

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