El día después

Mascaritas / Venezuela RED Informativa

Ni es fortuito ni tampoco casual que ningún gobierno serio del mundo todavía no esté señalando a China como responsable de irresponsabilidad, por la explosión y propagación de la Peste.

Aún el poderoso Partido Comunista Chino sigue jugando a ser el gran benefactor de la humanidad. En medio de esta locura de cifras y muertes, se ha convertido, en cambio, en el gran proveedor de insumos, equipos, mascarillas, test y respiradores artificiales de bajísima calidad a buena parte del mundo.

Todo ello, a expensas de su acumulada experiencia en el control de plagas e impecable manejo en la industria de las sopas de murciélagos delivery, en tiempos de cuarentena con que cuenta desde hace cinco mil años.

Lo que quiere decir que aún poco le importa al muy desprestigiado gobierno del reino español, se gaste millones sobre millones de euros que espera la Comunidad se los reembolse, en porquerías y chucherías inservibles Made in China, que llegan en vuelos súper fotografiados al aeropuerto de Barajas.

Tampoco interesa demasiado que los cachivaches en cuestión resulten defectuosos, la mitad estén averiados o nunca lleguen a funcionar. A la par, por cierto, de su imaginario “impecable” Sistema de Salud Social. No mucho mejor que el bolivariano. ¡Misma gente al frente, mismos resultados!

Entre tanto la América de Donald Trump solo se refirió una vez a la pandemia, como Peste China. Eso fue más que suficiente como para marcar de forma indeleble el futuro de las relaciones de Occidente, con la inmunda maquila de la China.

Trump no volvió otra vez a repetir la “etiqueta. Pero quedó grabada de manera indeleble en el imaginario colectivo de todo el hemisferio occidental.

¡El “daño” ya está hecho! Así, mientras ya se habla y se escribe más sobre las tremendas consecuencias del remedio que de la enfermedad, el mundo se alista para iniciar poco a poco la recuperación de la “normalidad”. Que, está claro, ¡nunca volverá a ser “normal” del todo!

El Planeta no volverá a ser como fue el de antes. Ni tampoco las relaciones globales de poder. Ni los sistemas de salud de los países que nos han convencidos de ser del “Primer Mundo”.

Esos que se ufanan de indicadores de vida anclados en la salud, la inclusión, la educación y la calidad de vida de su selecto club de beneficiados: sus ciudadanos.

Por cierto, si estos “primeros” países del Primer Mundo resultaron no estar en capacidad autárquica de abordar una pandemia con un índice de morbilidad que en ningún caso ha superado al 3% de los afectados sin colapsar sus servicios sanitarios, ni sus sistemas de distribución de servicios básicos y alimentación, podríamos decir que ellos no se han superado en mucho en cuanto a la capacidad y la velocidad de respuesta que llegó a tener el Emperador Nerón, cuando se le incendió Roma, hace dos mil años.

Ni decir sobre contar con respuestas sensatas a la eventualidad de una guerra de naturaleza post moderna, con todo y bombazos atómicos y empleo de juguetes de destrucción masiva.

¡Europa como que estaba muy sobre vendida!, Mientras su población mayor de 50 años entra en peligro de diezmarse, India, Oriente Medio, Israel, y muchas naciones de nuestro hemisferio como el caso de El Salvador, han demostrado poseer una muy superior capacidad de sobrevivencia y adaptabilidad a este tipo de “problemas”, a costos humanos muy inferiores y con menor destrucción de capital financiero.

Lo que viene, por eso, resultará distinto. Muy diferente. Estamos en la antesala de un nuevo planeta que, en términos reales, estará perfectamente dividido en enormes toletes de áreas de profundas influencias geopolíticas.

La Multipolaridad tan cacareada por los Estados medianos, para así poder acceder a los grandes recursos de un planeta regido por el principio de escasez, se verá reducida. O al menos, muy comprometida.

Ya no será suficiente con tener un pequeño arsenal de aparatos termonucleares. Ni medios para ponérselo en la cabeza a sus enemigos históricos. Ahora la “potencia” de las Grandes Potencias, también tendrá que ser calculada junto con las variables de capacidad de respuesta a desastres naturales y biológicos por sus propias poblaciones, y destrezas para recuperar sus economías y “estilos” de vida tras las grandes calamidades.

España ya está llamando a su población de migrantes no regulares, para que se incorporen al levante de las cosechas estacionadas en sus granjas. Seguramente hará otro tanto Estados Unidos. La primera carne que se expondrán en aglomeraciones post pandemia y trabajos intensivos, con toda seguridad será la ilegal.

Queda por ver, a la final, cómo será el reparto del Mundo del Día Después. Tras este cataclismo ECONÓMICO de magnitudes jamás vistas, solo tres bloques terminaran en pie: Rusia, China y Estados Unidos.

Los demás, el resto del mundo, aumentaremos nuestra fuerza gravitacional sobre cualquiera de esos tres…

Ni que decir a cuál Potencia quedará anclado el país de la porquería del siglo XXI. ¿Verdad?

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