El esclavo

Edilio Peña / Venezuela RED Informativa

Ser nadie y pretender ser alguien, lo puede motivar la necesidad imperiosa de no poder ser el otro, ése a quien se admira hasta coronarlo en mito. Pero que a su vez se le envidia con la sed del crimen. Mucho más si el otro, se ha constituido en una figura suprema que supera la presencia y le da cabida a la “espiativa” ausencia, llenando de terror a ese desamparado de la nada. Pero también quien admira excesivamente a alguien que lo domina, no sólo establece un vínculo de devoción ciega para con aquél, sino que busca convertirse en su dilecto esclavo.

Paradójicamente, el esclavo un día puede despertarse con el rumor de la rabia y el deseo de rebelarse, y, desde ese mismo momento, escaparse de la esclavitud como un fantasma que añora o tal vez asesinando a su amo. Pero antes de que eso ocurra, el esclavo decide ser la copia de su amo mismo, imitándolo en todo lo que el otro es. Hasta en el amor.

Ese proceso de degradación le da al esclavo una identidad singular que nunca antes había tenido. Pero si el esclavo transforma su relación emocional de dependencia y ambición en una razón política sin espíritu, comienza a acechar, y a desear el interés que su amo más cuida y ostenta con privilegio: el poder.

En ese periodo, el esclavo es capaz de aceptar todas las degradaciones o vejámenes que nunca antes su amo le ha infligido. Inclusive, llega a competir con sus pares, quienes con absurdos razonamientos, intentan ennoblecer la condición de ser más miserables.

Sin embargo, este esclavo ha comenzado a tener una ventaja sobre los demás: la fiebre de una lucidez que desconocía. Entonces, su amo se engaña o se confunde, al creer que aquel esclavo que se arrastra como un gusano, es el más incondicional de todos y lo convierte en su pupilo más servil.

Pero en su tarea secreta que lo llevará a la sublevación, el esclavo termina por descubrir, que no es el poder lo que pretende conquistar, sino la libertad del espíritu que se le revela y apura. A partir de ese momento, el esclavo deja de ser la proyección de aquél que fue su amo.

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