El espectro de la dictadura y sus cómplices

El Francotirador / Venezuela RED Informativa

Desde que la dictadura comunista totalitaria se instaló en Cuba, se dedicó al coloniaje y al saqueo, aun no siendo un imperio. Para ello utilizó la diplomacia a través de las relaciones exteriores, la asesoría y la invasión militar de aquellos países que querían conquistar su libertad de otros coloniajes y largas dictaduras aposentadas con la venia y el apoyo de los mismos Estados Unidos, como fue el caso de algunos países de África, Centroamérica y Sudamérica. La dictadura comunista cubana, en nombre del internacionalismo proletario, se propuso una cruzada ambiciosa y cometió genocidio en muchos países, incluyendo en el asesinato al propio pueblo cubano, quedando estos crímenes en masa impunes ante la Corte Penal Internacional. Hasta ahora el derecho internacional se ha hecho la vista gorda ante tal horror histórico.

Colapsada la Unión Soviética y con ella terminada lo que se llamó la Guerra Fría, la dictadura cubana inventó y afinó otras formas para su sobrevivencia y su política expansionista hacia países vulnerables que demandaban sin percatarse, su sospechoso amparo y ayuda que en el fondo pretendía apoderarse de sus recursos naturales, como la minería del diamante y el oro. Posteriormente, la dictadura comunista cubana disfrazó su política de coloniaje e invasión, a través del llamado socorro humanitario para países acosados por cuadros pandémicos. Una de esas artillerías camufladas, fue la exportación de su cuerpo de médicos internacionalistas, a través de la mentira de que en la medicina habían logrado hallazgos invalorables que los mismos países desarrollados no habían alcanzado y conquistados, y si contaban con ellos no habían hecho ningún gesto humanitario para ayudar a los más pobres del planeta. Esta argumentación propagandística de la dictadura cubana no era más que el pretexto de un negocio de enriquecimiento ilícito con mano de obra médica esclava, con el fin último de enmascarar nuevas formas de invasión, como ocurrió con Venezuela al principio del gobierno de Hugo Chávez, con las llamadas Misiones.

La egida de esta acción y otras más complejas que se triangulaban con farsas, las posibilitaba uno de los servicios de inteligencia más sofisticados que se había formado a la sombra y tutoría de la KGB, pero sobre todo del servicio de inteligencia de la Republica Democrática Alemana: La Stasi. EL G2 cubano llegó a penetrar a la misma CIA, el Pentágono y a los partidos demócrata y republicano desde donde se sostienen las instituciones de la que se considera la democracia más sólida y poderosa del mundo. Sin embargo, Ana Belén Montes llegó trabajando como agente doble para Cuba a lo más alto de la inteligencia del Pentágono. Era la gran experta en secretos militares cubanos. En las catacumbas del espionaje la conocían como La Reina de Cuba. Pero tras 17 años filtrando información a La Habana la descubrieron, y fue detenida en 2001. Pero el daño ya estaba hecho. Hoy los Estados Unidos tiene el monstruo del izquierdismo más radical en sus entrañas. Su objetivo es la toma del poder de la nación más poderosa del mundo.

La inescrupulosidad de la dictadura cubana fue más allá del espionaje y el crimen, entre la luz y la oscuridad se alió con los carteles más poderosos del narcotráfico porque no quería sucumbir a la derrota que se pregonaba, para ese entonces, contra el comunismo en el mundo. Por eso, en ese periodo especial donde peligraba su sobrevivencia, Pablo Escobar Gaviria, fue para Fidel Castro su gran aliado y salvador. Para lavar el delito del narcotráfico, hizo fusilar a uno de sus héroes más estelares: Arnaldo Ochoa.

Posesionada la dictadura de Hugo Chávez, como una prolongación de la dictadura cubana, bajo el consejo de Fidel Castro, Chávez se dedicó en la región de la América Latina a propiciar y crear bajo negociaciones, organizaciones con su política de suministro petrolero, como Petrocaribe, el Alba, Mercosur, el Celac, etc., que terminaron de alinearse a la política de la dictadura de Fidel Castro. Los países democráticos que conformaron esas organizaciones regionales, no les importó que Cuba formará parte de ellas a pesar de existir cláusulas en las que se legitimaba la democracia como principio para formar parte de las mismas. Resultó sorprendente cuando el presidente de Chile Sebastián Piñera le entregó la presidencia del Celac a Raúl Castro, que representaba para ese momento la dictadura comunista en la isla cubana. Eso ocurrió en el 2014. Ninguna de las democracias protestó tal convivencia y hasta miembros de los países de la OEA, les pareció natural, porque Cuba era una revolución y no una dictadura. Como llegó a pregonar el presidente de la OEA para aquel entonces, José Manuel Insulza.

Todo eso espectro de esta trama, explica la paradoja y la impudicia de por qué el proceso de negociación de paz entre el Estado Colombiano y la Farc, se realizó al cobijo de la dictadura cubana. Así como las nuevas negociaciones entre la dictadura de Nicolás Maduro en Venezuela, y la oposición venezolana representada por el gobierno interino de Juan Guaidó, al acceder estos últimos a la sombra del Celac, ir a México a pactar un acuerdo con un dictador que ya ha sido condenado por el Tribunal Supremo de Justicia en el exilio a 18 años de cárcel, con recompensa de captura por 15.000.000 por los Estados Unidos, y ante la inminente sentencia de ser juzgado por la Corte Penal Internacional por crímenes de Lesa humanidad.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

dos × 1 =