El gato con botas venezolano

Santos Luzardo / Venezuela RED Informativa

La política venezolana pareciera copiada en algunos aspectos de ese cuento europeo del siglo XVI.

Les recuerdo que la astucia del gato, que un molinero dejó a sus hijos al morir junto a un burro y un molino, tiene que ver con la política venezolana, donde ocurre, además, que muchos pretendidos intelectuales políticos y militares se enredan y ofuscan tratando de conciliar su sapiencia con sus intereses y terminan tratando de resolver la novedad irreal de un gato con botas.

El gato aquel, mentiroso, tramposo, sagaz y atrevido y el político venezolano son muy parecidos, aunque el primero pareciera de suyo tener bondad a pesar de sus fechorías por una causa noble y el segundo de suya perversidad a pesar de su apariencia, aunque solo trabaje por la causa de sus intereses personales.

Los militares no podían ser el soldado bisoño referido por Simón Bolívar en su Manifiesto de Cartagena, “… que lo cree todo perdido, desde que es derrotado una vez; porque la experiencia no le ha probado que el valor, la habilidad y la constancia corrigen la mala fortuna”. El Libertador terminó su también valioso Manifiesto de Carúpano diciendo: “Dios concede la victoria a la constancia”.

Los políticos deberían conocer que también dijo Bolívar en ese histórico documento, citado de primero desde Cartagena de Indias: “El espíritu de partido decidía en todo y, por consiguiente, nos desorganizó más de lo que las circunstancias hicieron. Nuestra división y no las armas españolas nos tornó a la esclavitud”. Ambas fueron causas de la caída de la Primera República, también de las siguientes Repúblicas hasta hoy, luego no tenemos República porque ella no se decreta. No porque esté escrita en la Constitución existe. Debe construirse cual edificio con bases sólidas, que en la República serían: ciudadanía, instituciones y leyes inexorables, no pamplinas.

Ambos grupos entran por el redil de la manipulación de los tiranos de Cuba y otros países, al acudir raudos y veloces a discutir sobre algo como un gato con botas y casi siempre por protagonismo, desconociendo que solo en un cuento es posible, que en la realidad nunca se vería, pues en Venezuela se discute sobre legalidad de criminales, sobre legitimidad en la usurpación, sobre valor de actos írritos, sobre si el pueblo está de acuerdo con lo absurdo, sobre si hay estado de derecho o no, como también, si el culpable de nuestra tragedia es Trump o Maduro y en ese redil se va la vida republicana otra vez.

“La heroica y desdichada Venezuela, sus acontecimientos han sido tan rápidos y sus devastaciones tales, que casi la han reducido a una absoluta indigencia, a una soledad espantosa. No obstante, que era uno de los más bellos países de cuantos hacían el orgullo de América…” (Notas de El Libertador en su Carta a Henry Cullen o Carta de Jamaica, luego de caer la Segunda República, como siguieron cayendo todas).

¡No intelectuales! El Gato con botas no existe como no existe en Venezuela nada de lo que discuten. Existe sí, una neocolonización con esclavos y todo el desmán de los tiempos de las barbaries donde, como dice el aforismo: colgaban de cruces a los ladrones. En la Venezuela de hoy y tiempos de luces cuelgan del pecho de los ladrones las cruces.

Mis esperanzas no cambiarán hasta vencer al enemigo en el campo del honor como debe ser y como no podremos evitar, sin importar su disfraz hasta de gato con botas.

El poder del amor por Venezuela debe vencer al amor al poder en Venezuela.

De la Orden de los Caballeros de Fénix

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

13 − cinco =