El Koki

Editorial / Venezuela RED Informativa

Resulta que el tal KOKI, no es el Coco. Ni tampoco es el protector de la Cota 905. El KOKI es tan solo un delincuente muy bien armado, llevado a dueño de territorio por el propio gobierno bolivariano. Así pues, el KOKI es otra expresión del aparatoso fracaso del estado venezolano, incapaz de resolver el más mínimo encargo social de velar por la seguridad pública de los venezolanos.

Al franquiciar entre los más enfermos de nuestra sociedad la violencia, que se supone es monopolio del estado, la porquería del siglo XXI armó una bomba de tiempo.

Luego, al iniciarse “la tranquilidad” que le significa a la revolución la llegada de la Era Biden a la Casa Blanca, el gobierno ha comenzado a tratar de recoger cabuya. Cada vez que se aleja más el fantasma atemorizante de una intervención militar, los socios para enfrentar un conflicto asimétrico pierden también cada vez más valor para la revolución.

No son fortuitas las “diferencias” que terminaron a balazos en el Alto Apure, las cuales ocurrieron en días pasados.

No es casual: tienen el mismo sello de la épica del KOKI, la ministra Carmen y los que faltan por venir…

¡El Diablo paga siempre mal a quienes bien le sirven! Las NARCOFUERZAS armadas bolivarianas no representan, ni significan nada bueno. Ellos y los otros malandros, están del lado oscuro del país, del rincón de los asesinatos, el tráfico de drogas, los robos, los arrebatones y el saqueo sistemático de la gente de a pie. Quien piense que alguno dentro de esa cuenta es un Robin Hood de barrio, saldrá seguramente trasquilado.

La cruda realidad es que estamos solos. Nadie nos ampara como sociedad. Estados desarmados. Nada más tenemos un celular con el cual grabar el sonido de los tiros que nos mantienen tirados en el piso de las salas de nuestras casas, y filmar a los muertos que dejan tirados en medio de las calles.

Porque acá, en Venezuela, la agenda pública es electoral, por la convivencia nacional.

¡Pero que de bolas!

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