El nuevo comandante en jefe

El Francotirador / Venezuela RED Informativa

El dictador no se presenta a los actos tradicionales de celebración de la independencia de lo queda de República. Sobre todo, en los desfiles donde las Fuerzas Armadas, habrán de exhibir su armamento como expresión simbólica del poder del Estado de una nación independiente y como homenaje y recuerdo a sus próceres que la fundaron. El dictador ni siquiera coloca los ascensos de los militares, sólo los anuncia por medios de comunicación, pero no se expone al acto protocolar por una causa u otra terminando por delegar al ministro de la defensa, que como él se perpetúa cada día más en el poder.

Nunca será relevado, porque como el dictador, procura administrar el tiempo a su favor, a instancia de los consejos interesados del apoyo de Cuba, Rusia, China e Irán en su progresivo posicionamiento del hemisferio. Todos los países de la región están cayendo como la pirámide de barajas ante nuevas estrategias del socialismo del siglo XXI. Hasta la Comisión Interamericana de los derechos humanos se presta para ello.

Desacreditadas las Fuerzas Armadas Bolivarianas ante la opinión pública, a pesar del sacrificio de muchos mártires que han sucumbido a la tortura y a la muerte por la libertad de Venezuela, el dictador se suma al desprestigio de las mismas. Pero desde el poder que no tiene la opinión pública que hoy luce anémica. El nuevo tipo de dictador tiene la ilusión de que nunca habrá un golpe de Estado, porque el Estado en Venezuela fue eliminado, y las facciones que existían dentro de las Fuerzas Armadas y que podían poner en peligro su poder, fueron convertidas en bandas que conforman carteles que sólo los ocupa en cómo enriquecerse por diferentes vías que propicia el dictador. Pero, sobre todo, al haberles despojado de su institucionalidad que velaba por la República y el Estado, desplazadas por las guerrillas de la FARC que ahora resultan ser el verdadero ejército en quien más confía y cuenta el dictador junto a la complicidad mafiosa con el ministro de la defensa. Este último funge como la mascarada de una Fuerzas Armadas Bolivarianas que no existen.

Eso explica porqué el dictador dedica su interés sólo a los componentes que queda del ejército institucional y a la Guardia Nacional asignándoles funciones represoras acompañadas con los servicios de inteligencia y la misma delincuencia que azota y controla al pueblo con el terror. El componente de la Armada y la Aviación lucen relegados a la inoperatividad y la impotencia, por un acendrado temor del dictador a estos componentes. Un Mig en los cielos de la dictadura podría ser el desencadenante coordinado con una resistencia en combate para dar con el traste de su soberbio poderío.

Lo que una vez fueron los colectivos armados de la revolución, y que ayer fueron sus jefes y les dieron rango de Pranes dentro de las cárceles que convirtieron en suites de hoteles de cinco estrellas y jauría de reserva a utilizar si peligraba la revolución del comandante eterno. No hay que olvidar aquella fotografía de la entonces Ministra de Prisiones, Iris Varela, donde sale retratada con el hoy famoso delincuente Vampi. Desde la libertad y la operatividad que les fue dada a aquellos pranes, éstos con sus bandas no sólo demandan más territorio, sino que, por igual, más poder de gobernar a la sociedad según sus pautas e intereses con que se rigen. Esa exigencia hamponil se las ha otorgado El Alto Poder del hampa que sojuzga a toda Venezuela. En armas, en tráfico de drogas, en la administración y venta de la gasolina. En cobro de vacunas y secuestros de la sociedad civil. Los llamados delincuentes que se refugian en las barriadas de las grandes ciudades, tienen un ingreso millonario en dólares que les da un poder que los amuralla y les hace competir con los carteles del mismo Alto Poder del hampa que gobierna a Venezuela.

En este clima de la voracidad y el horror, el dictador se vio en la necesidad de hacer circular un video donde con un arma de guerra, simula amenazar al hampa de las barriadas de entrar en sus territorios y exterminarlos, reproduciendo con ello lo mismo que hace el hampa de los barrios armada con sus vídeos en los que expone no sólo su sofisticado armamento, sino que también, sus acciones cruentas y criminales. Una teatralidad simbólica que el dictador envía al pueblo venezolano para que sepa de una vez por todas, que la dictadura que azota a Venezuela no es comparable a las que existieron en el siglo XX. Es mucho más que una dictadura o tiranía. Es un monstruo que se multiplica y muta. Utiliza todos los medios con que la globalidad se mueve. La exposición pública con desparpajo. No hay doblez, ni secretos. Vomita y excreta por las redes sociales. Todo se dice porque todo se hace. En la nueva libertad de expresión todo está permitido. El mal es quien más provecho le ha sacado con sus laberintos de confusión. Por eso la dictadura de Venezuela comprendió que el derecho internacional es vulnerable y sobornable. Así como las estrellas de cine de Hollywood que vienen a visitarla a cambio de un financiamiento para un film. Son tan consecutivas las torturas, suicidados de un décimo piso, el robo, el secuestro, el tráfico de drogas, el tráfico de niños, asfixiados con capuchas de plástico, de niñas y adolescentes reclutados a la prostitución por hambre, que, en la abrumadora secuencia de acontecimientos, no hay capacidad para individualizar el horror, lamentarlo y condenarlo a tiempo. La impotencia es tal que el llanto se ahoga y el odio devora. En ese nivel de extrema tensión se halla la psiquis y el alma del venezolano.
Lo insólito es que el dictador prefirió lucirse en el video y ponerlo a circular por todos los medios de comunicación en una descarada empatía con la delincuencia cuando ésta muestra sus imágenes terribles de manera pública para intimidar. Esta vez el dictador con un arma de guerra en detrimento y ofensa de los miembros de las debilitadas Fuerzas Armadas Nacionales Bolivarianas, quienes estuvieron esperándolo, parados firmes bajo un inclemente aguacero, como su comandante en jefe para la celebración de los actos patrios, representación de glorias pasadas de próceres degradados en vejamen. Sin embargo, la celebración de la batalla de Carabobo y el 5 de Julio, fueron para Nicolás Maduro, el encuentro estelar con sus pares los delincuentes de la Cota 905 que arremetían con armas de guerra contra los edificios y los barrios de la que fue la gran Caracas.

El espectro del horror se acrecienta, cuando en nombre de toda el hampa nacional (la del Alto poder y la de las cañerías) es que esta vez se han unido en un solo frente que representa un inesperado y extraño líder que reafirma su poder expansionista sumando en torno a él a todas las bandas hamponiles del país, en una especie de cruzada contra lo que queda de sociedad. Es parte de un plan macabro más de la dictadura para impedir protestas, revueltas, rebelión o una insurrección que la sorprenda como un Tsunami. El apodo de esta figura se ha convertido en un emblema que muchos han comenzado hacer suyo tanto como si fuera también el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas Bolivarianas del país: El KoKi.

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