El pavo real se pasea por México

El Francotirador / Venezuela RED Informativa

La representación es parte de la naturaleza humana. Siempre tiene el deseo de expresar algo más de lo que se ve de sí, o de ocultar aquello que no debe verse o revelarse demasiado. Sin embargo, hay seres que no les es necesario ser la expresión de ninguna representación. Son tal cual como de corazón, de pensamientos y espíritu lo que constituye una triada perfecta. Pero para que estos seres puedan sobrevivir ante la doblez y la simulación que acecha, por lo general se vuelven místicos o estoicos. A partir de allí, para los demás pasan a ser un carácter raro, extraño, que el común de los demás se cuida y guarda distancia ante ellos. Por temor o superstición. El silencio, los actos y las palabras sabias pueden ser peligrosas para aquél que quiere cruzar la cuerda del trapecista que separa las orillas del abismo. Los inducidos por la ambición prefieren ser ciegos y sordos en el tránsito antes de la coronación. Nada les importa que esté fuera de sus intereses ególatras.

En el ejercicio de la política que aspira como objetivo el poder como fin, su protagonista o líder siempre se verá desafiado por umbrales en los que debe tomar la decisión de cruzar con ética o impudicia. Sobre todo, cuando el objetivo mayor de su vida es la toma del poder que representa la realización de sí o de la libertad de su pueblo.

En la reciente cumbre del CELAC, en México, fue invitado a representar a Venezuela, un asesino, narcotraficante y ladrón. Un absurdo que nadie podía creer. Sólo dos representantes de dos países del conjunto que conforman esa organización (que entre sus objetivos, paradójicamente, tiene el deber de impulsar la democracia en la región ) se opusieron. La mayoría calló. Como el presidente de México. El dictador de Venezuela se presentó en la sesión del CELAC como el estadista usurpador, pero como si no lo fuera, exhibiendo uno de sus mejores trajes de pavo real, un sobrepeso alimenticio y una tranquilidad con la cual quería refrendar que en Venezuela no hay hambre, presos políticos, enfermos, torturas, por su conducta y su causa. Poco le faltó decir que la infamia lo acosa. Sus palabras de representación en el acto de la cumbre del CELAC, fueron de un desafío tan prepotente, que desconcertaron a muchos cuando abrió la boca con su bigote como guardia presidencial: «Vamos a hablar y discutir lo qué es la verdadera democracia. ¡Vamos!» Sus palabras fueron dichas de la manera más irreverente y absurda, aun sabiendo que su cabeza tiene un precio de $15.000.000, por ser un delincuente que tiene orden de captura por ser acusado de ladrón, crímenes de Lesa Humanidad y representante del narcotráfico y del terrorismo internacional, que cada día pone más en peligro el hemisferio y gran parte del mundo.

Lo insólito es que en ese acto de la impudicia y el descaro, no se coló ningún venezolano despierto, ninguno de los dolientes de las víctimas de Venezuela, con el coraje y la astucia planificada de un verdadero artista de la conspiración, para ejecutar el acto más estelar que la mayoría esperaba contra el dictador como uno de esos actos decisivos que abundan en las piezas políticas de William Shakespeare, y que hubiera marcado un punto de inflexión en la historia y en el corazón de los que sufren en este continente arrasado por la vorágine de la avaricia nacional e internacional, en vista de que la oposición política de Venezuela, desde hace mucho tiempo, cohabita con el régimen del dictador, traicionando a aquellos con los que estaba comprometida en juramento.

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