El poder del arte

El Francotirador / Venezuela RED Informativa

La rebelión que se ha desatado en Cuba ha fracturado y superado la tradición política e insurreccional para que un pueblo alcance su libertad. El punto de inflexión mayor y notable de este hallazgo se refleja en la conducción de la propia rebelión: No es un líder, caudillo, mesías o libertador que la signa e impulsa en su acción en caliente. Porque la rebelión en Cuba, que se ha desatado como un huracán, la encabeza el propio pueblo cubano. Ese es su máximo líder. Encarnado en su esencia vital, en la juventud liberada de la militancia obligante del partido comunista, porque la conciencia de esta juventud despierta, medita y no milita el hacer libertario. Lo hace, además, desde una isla convertida en un campo de concentración administrada por la primera dictadura comunista que se instaló en este hemisferio.

La juventud cubana es una nueva generación que no está anclada a ningún atavismo o esquema mental, ni siquiera histórico o ideológico que la conduzca al riesgo de una libertad maniatada. En ella los paradigmas políticos conocidos no la movilizan. Su necesidad es políticamente ontológica, sustentada por el acumulado sufrimiento, las carencias más elementales para la sobrevivencia, la impotencia y la prohibición al no poder expresarse como quiere individualmente. La mayoría ha recurrido al arte para protestar y expresarse. De allí su mayor alcance que ha permitido una resonancia empática con todos los seres humanos del mundo. Porque su motivación mayor no nace ni siquiera de los preceptos libertarios del apóstol José Martí. El pasado es un referente, no una obligación o un estigma.

EL acto supremo de la juventud cubana se expresa en la destrucción del mito de la revolución cubana con el legado desastroso y genocida que les dejó Fidel Castro como mito y tabú. Nacen estas ansias determinadas de libertad de la necesidad natural de que todo ser humano tiene derecho a ella, y nadie ni nada puede arrogársela como suya.

Superan con creces esa enfermiza e incestuosa recurrencia que tienen los venezolanos al invocar al “padre de la patria” en los rituales formales de la convención y la adversidad. Tanto victimarios como víctimas. Por eso Simón Bolívar se ha convertido en nuestro impulso y contención que nos priva. El poder del arte y no el de una organización política, fue la chispa que desató la rebelión que se ha desatado en Cuba.

Nadie pensó que la canción como “Patria y Vida” pudiera tener un poder insurreccional en Cuba, que superará cualquier discurso político de la costumbre.

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