El poder por no poder

Santos Luzardo / Venezuela RED Informativa

En el interminable afán de muchas personas por lograr tener alguna forma de poder, siempre se destaca el daño que se hace a otros por su procura o búsqueda.

También debe conocerse que la ambición por el poder es una indiscutible convicción en las personas de sus muchas limitaciones e imposibilidades de lograr objetivos por los caminos idóneos, legales y éticos, lo que destaca el no poder.
Las lapidarias verdades referidas arriba deberían constituir sobradas razones para despreciar o por lo menos no desear alguna forma de poder.

Las religiones, las instituciones y demás entidades de pretendidos acopios morales están plenos de máximas y consejos de servicio, humildad, decencia, bondad y altruismo. Sin embargo, se lucha por el poder conforme exijan las circunstancias.

La historia ha demostrado cómo el poder corrompe de manera directamente proporcional a su tamaño, cantidad o tipo, a lo que no dejó de hacer referencias nuestro Jesucristo sin poder, a pesar de haber sido tentado para tenerlo tantas veces.

El mundo ha hecho un acuerdo tácito que legitima la lucha por el poder y esta nefasta realidad creó e instauró los gobiernos con diferentes formas y nombres para ejercer el poder sobre los demás, al punto que ya no resulta posible entender la vida sin entidades y personas con poder, indistintamente de que el poder no haya resuelto los dramas humanos.

El poder destaca lo que la gente oculta cuando no lo tiene, por ser manifestaciones de lo más bajo y cuestionable en un ser humano, como la maldad, el egoismo, la venganza, etc.

Es muy conocido que la inmensa mayoría no sabe manejarse éticamente con el poder, sufren una suerte de surrealismo que descuida lo que siempre ocultaron y lo exhiben sin verguenza.

El empoderado se enferma, presenta una psicopatología múltiple pluriofensiva y peligrosa.

Dicho esto, cumplo con un deber ciudadano de llamar a la conciencia, pues no puede esperarse algo bueno de quien se ha lanzado al abismo del poder, donde pareciera no haber la posibilidad de una reposición feliz de algo bueno.

El clientelismo por otra parte es la expresión más torpe de la humanidad en su procura de lo que no puede sin el auxilio del poder.

Esta es la descripción etiológica de la miseria humana sin razón, pero por emoción y sin remedio.

Cuando haya que constreñir moralmente, nunca por fuerza, a alguien a asumir un tipo de poder podrá haber una posibilidad de solución.

De la Orden de los Caballeros de Fénix

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