El pueblo sufriente

Santos Luzardo / Venezuela RED Informativa

De la Orden de los Caballeros de Fénix

Esta es la cruenta realidad de la política que puso al pueblo venezolano a vivir en el participio activo del verbo sufrir, sin retórica ni exageración, en carne viva, con su cruz a cuesta, camino al Calvario de la desolación.

¿Por qué no cambia nada? porque la casta de inoficiosos y vagos de la política siguen maniobrando para sus inmundos intereses a costa de la miseria y dolor del pueblo sufriente.

No han sido capaces, esta caterva de mal vivientes entre lujos y excesos  con dineros mal habidos, ni de reinventarse. Siguen exhibiendo las mismas mañas de grandilocuentes y altisonantes que apabullan al pueblo que ha mantenido en el oscurantismo de la ignorancia exprofeso para dominarlo o mejor y más justo, debo decir, esclavizarlo.

Que duro resulta luchar contra el mundo por la verdad y ser hasta odiado por eso, pero Cristo vino al mundo y murió por ella, porque la inmensa mayoría estaba equivocada. Hoy se repite igual en cuanto a la equivocación, solo que no por la misma inocencia sino por corazones acendrados en el mal. Por eso el mundo está en crisis como Venezuela en la desgracia y la barbarie.

Los paladines de la verdad podrán terminar como  ermitaños incomprendidos y pobres, pero con la riqueza de la dignidad que señala la  aceptación y aprobación de los hombres de Dios, benditos de buena voluntad.

No honra los buenos conceptos de quienes fueron presidentes de cualquier cosa, magistrados, generales, almirantes y  empresarios sin merecerlo, quienes ni una mayúscula se ganaron y aquí todos nos conocemos y no hace falta un acto jurídico probatorio.

Que la mayoría esté equivocada es normal en un mundo perdido en concupiscencia e infames vicios. Nada de lo que conocemos y sufrimos es de generación espontánea. Sabemos de dónde vienen todos los males, sus autores y quiénes luchan por recuperar espacios perdidos a costa de los mismos ignaros prendados con fe en el inexistente buen corazón de los políticos y sus clientelas.

El Libertador en su inigualable Discurso ante el Congreso de Angostura dijo: “Por el engaño se nos ha dominado más que por la fuerza; y por el vicio se nos ha degradado más que por la superstición. La esclavitud es la hija de las tinieblas; un pueblo ignorante es un instrumento ciego de su propia destrucción: la ambición y la intriga, abusan de la credulidad y de la inexperiencia de los hombres ajenos a todo conocimiento político, económico o civil; adoptan como realidades las que son puras ilusiones; toman la licencia por la libertad; la traición por el patriotismo; la venganza por la justicia… un pueblo pervertido si alcanza su libertad, muy pronto vuelve a perderla; porque en vano se esforzarán en mostrarle que la felicidad consiste en la práctica de la virtud; que el imperio de las leyes es más poderoso que el de los tiranos,…; que el ejercicio de la justicia es el ejercicio de la libertad”. Para más adelante asegurar que muchos hombres creen: “que más cuesta mantener el equilibrio de la libertad que soportar el peso de la tiranía”. Por eso lo único que pasa en Venezuela es que mueren inocentes en las calles y viven los maleantes en sus lujos.

¿Saben qué es infinito? la distancia entre: por qué fueron Generales en Jefes Bolívar y Sucre, incluso los nueve restantes Generales en Jefe, y por qué lo fueron los de ahora, como es infinita también la calidad de político que fue El Libertador demostrado en ese Discurso y muchos otros y los de ahora. O la magnanimidad política del Gran Mariscal de Ayacucho, demostrada en Perú y lo que hacen los que llaman políticos ahora. Eso suena a infinito.

Estamos condenados a vivir el infierno de los más asquerosos procederes humanos y a sacar fuerza de nuestra historia gloriosa para resucitar la patria de nuestros libertadores, pero para eso debo recordar del Libro de Apocalipsis 3:15-17: “Conozco tus obras: no eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Por eso, porque eres tibio te vomitaré de mi boca”.
Este pasaje describe la inconveniente actitud de la tibieza ante hechos trascendentales. La verdad pertenece al género del “ser” y la falsedad al género del “no ser”; por lo tanto, no hay un estado intermedio entre ambos, algo es falso o verdadero.

Quizás esta guerra cambie de métodos y nos conduzca al honor para lo cual haré un parangón con el Santo Evangelio de Mt: Cap. 24, vers.36 al 42. El ladrón no avisa de la hora en que vendrá. “De aquel día y hora nadie sabe nada, solo el Padre”. Así deberíamos estar pendientes y velar para cuando sea la hora de la Patria.


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