El realismo mágico venezolano

Santos Luzardo / Venezuela RED Informativa

Muy acertada la apreciación del señor Elliot Abrams al referir el realismo mágico, en Venezuela, indistintamente de que se haya referido a una persona en particular.

Se conoce con ese nombre a una corriente de la literatura y otras manifestaciones artísticas que pretenden representar la realidad desde las emociones que terminan en el constructo fantástico de las necesidades personales.

Junto al romanticismo, los autores de cada corriente aspiraron captar la atención y preferencia del público hispanoamericano desde finales del siglo XIX y principios del XX.

El uso de elementos fantásticos como característica medular en el arte, busca crear un estado ideal aunque irreal, de allí lo mágico que llaman en él.

Es cierto que uno de sus exponentes fue García Márquez, el santanderiano por adepto a Francisco de Paula Santarder, el traidor aquel que intentó asesinar a EL Libertador y que en la Batalla de Boyacá se escondió bajo el puente de ese nombre. Su realismo mágico fue querer crear una realidad ficticia de la historia.

El caso de Venezuela es verdaderamente grave por pretender vivir en el realismo mágico del constructo que aquí llaman política como una solución milagrosa cuando es la real tragedia.

Hay muchas pruebas que confirman esta tesis, pero la más elocuente por ser representativa de la desgracia nacional es la anarquía como realidad lacerante, frente a la esotérica narrativa de “vamos bien”, “si se puede” y tantos otros eslogans del realismo mágico venezolano.

La anarquía sobreviene por el colapso de la ética social, inducido por las malas políticas, la impunidad y por los malos ejemplos de los gobernantes. En primera instancia producen la devastación anímica del desengañado que ofreció su confianza y lo defraudaron, siempre le mintieron, por lo que le destruyen su recato y respeto a la ley moral individual, la norma intrínseca que regula y modela la conducta del ciudadano en su relación social.

Luego, el compendio de ambos fenómenos deriva en una sociedad enferma que se hunde en el abismo de los desafueros por prevalecer o sobrevivir, solo persiste el yo salvaje e inmoral y vence arteramente al nosotros cooperativo, gregario, ético, civilizado, noble y humano.

Sesenta años de perfidia es mucho tiempo para que una sociedad pueda mantener impoluto el acervo de la civilidad como atributo cristiano de crecimiento en justicia para la paz y la realización colectiva como nación.

Los políticos venezolanos, de quienes con seguridad existen honrosas excepciones, son los absolutos culpables y sin embargo ellos dicen que son quienes tienen legitimidad y virtud para arreglar lo que dañaron, en una postura que va de su realismo mágico a la unción mágica.

Quizás algún día se construya el liderazgo conductor de los talentosos por la vida de los venezolanos en todos los ámbitos, sobre todo en el de la fuerza a la orden de la justicia.

Sepan compatriotas que nadie vendrá a salvarnos por el noble gesto del bien, sino por el interés de quien decida hacerlo si le cuadran sus cuentas. También hay un derecho mágico que induce a personas a creer en la posibilidad de esgrimir y exigir que alguien atienda y cumpla acuerdos internacionales hechos y suscritos bajo la sombra de la mentira y la hipocresía.

El Cuerpo de Marines de los EE.UU. aún no vendrá a salvarnos, vendrán más malandros porque saben bien cómo no pasarse de la raya de lo permitido sin poner en riesgos los intereses de Norteamérica. Tampoco cuenta lo que crea o aspire ningún político local ni sus clientes. El plan B es solo una manifestación más de realismo mágico en la política y en la creencia del ignaro seguidor de mentiras de los charlatanes demagogos de nuestra atropellada Venezuela.

Nunca descansará en paz El Libertador.

De la Orden de los Caballeros de Fénix

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