El rebelde virtual

Edilio Peña / Venezuela RED Informativa

La cárcel supone -e impone-una gramática verbal, gestual y física que el prisionero está obligado a aprender para poder sobrevivir. Los carceleros la instrumentan y los prisioneros la cumplen en riguroso orden y jerarquía en cada calabozo. Quien se rebele en su interior será sometido en el tormento hasta aislarlo en la locura. Porque buscarán arrancarle el alma del cuerpo. Las cárceles han sido fundadas para crear un orden y una gobernabilidad totalitaria tan feroz como en los campos de concentración. El caos, la represión y la tortura sistemática es parte de ese orden superlativo. En los oscuros y calabozos asfixiantes, en donde se pierde el sentido del tiempo si una vez existió, la comida debe tener el mismo sabor y olor que los excrementos. Allí los presos pierden el nombre y adquieren un número. Las cárceles son la metáfora de la sociedad en que se vive, de sus formas de gobierno, de sus paradigmas de Estado. Inclusive de esa ambigüedad donde se confunde dictadura con democracia. La isla de Cuba fue convertida en una cárcel por una dictadura que se sostiene con mentiras, represión, aniquilamiento y privilegios. Su razón es el pensamiento único. El muro que la resguarda no es un embargo económico, sino un mar de tiburones que devora a quienes intenten escapar.

En un país donde es escasa o no existe la justicia, tanto como la escasez de alimentos y medicinas, y abunda la delincuencia en sus altas y bajas esferas, el derecho a ser persona es casi imposible. Porque la corrupción y la impunidad es dominante. La dictadura cubana se arroga el privilegio de ser la primera dictadura que introdujo la prostitución adolescente y la pedofilia como atractivo turístico. En el pueblo cubano la compasión, la solidaridad y el agradecimiento a veces se extravía, pero también afincan su obstinación en lo que queda de humanidad. En ese espectro, unos se resignan en el lento proceso de la degradación; mientras otros, escapan hacia un exilio sin esperanzas donde puedan llegar a conquistar gustos que le habían sido vedados, pero no satisfacciones existenciales. El ser es anulado, a los extremos, que a veces éste no se percata de tan infeliz destino, o los calla mordiendo la lengua de la impotencia. Las dictaduras totalitarias tienen el poder de estigmatizar la mente de algunas personas. Aun habiendo sido derribadas.

Entonces, la virtualidad puede convertirse en una paradoja que socorre o petrifica el socorro de la víctima. Un celular, por ejemplo, permite registrar, difundir y denunciar desde una cárcel, hospital, confinamiento pandémico, lo que acontece o se sufre en la represión y la tortura infligida por la dictadura. A la vez crea una ilusión de una libertad tan sofisticada y fascinante que supera la credibilidad misma, propiciando con ello a que muchos prefieran quedarse a habitar por siempre en esa virtualidad que provee la pantalla de un celular. Inclusive, ese cibernauta empieza a sentir el valor y el riesgo del más temerario rebelde que va a la conquista de la libertad arriesgando su propia vida en la calle, en un enfrentamiento desigual ante la brutalidad de los órganos represores, en una especie de sensación onanista sin cuerpo, mientras que, por otro lado, fuera de la pantalla virtual, se asesina a la realidad junto con el rebelde que se admira desde la pantalla del celular. Ambas formas de opresión y manipulación son utilizadas actualmente por la dictadura cubana.

La víctima posmoderna no se percata de que él también puede llegar a ser parte y cómplice de ese asesinato de la realidad. Porque se escapa o se fuga (o lucha) sólo a través de la virtualidad, terminando por ser un prisionero del supra poder omnisciente que lo sojuzga, pero también de sí mismo al creer que está jugando un rol protagónico en la esfera del pronunciamiento y la acción rebelde. Es aquél ser a quien le interesa la vida encapsulada que crea espejismos de proximidad y afectividad con imágenes y frases, pero que ante la contradicción o la desavenencia con el otro ubicado en la distancia que orbita, puede ser bloqueado o eliminado en una especie de crimen simbólico legitimado. Porque salir a la luz de la realidad es encontrase con los verdaderos obstáculos de una rebelión que quiere restituir la realidad presencial al reconocer al otro en su lucha incesante, entre sus lágrimas y la sangre de su herida. En medio de la trinchera de sus cadáveres donde se bate su esfuerzo supremo. No es la igualdad la que se impone, es la diversidad más profunda. Aquella que restituye la singularidad y dignidad individual.

Esto es parte de la libertad que reclama la rebelión que acontece en Cuba en estos momentos cruciales. La rebelión en la vida, no fuera de la vida. Creo que el único influencer que ha logrado desde las redes sociales sortear estos desafíos y riesgos, ha sido Alain Paparazzi Cubano, un joven con un nivel de energía, lucidez, entrega y esfuerzo por ayudar a liberar a su pueblo, trasmitiendo en caliente no sólo lo que acontece en la realidad de su país sino aquello que siente cada uno de los rebeldes que conforman esta odisea del pueblo cubano después de 62 años.

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