El singular capitalismo ruso

César Guillén Citterio / Venezuela RED Informativa

Diálogo entre nosotros, la gente común

La Unión Soviética era tan atrasada con respecto a las telecomunicaciones y la informática, que en 1990 todavía más de 100.000 pueblos de la URSS carecían de línea telefónica. Su industria no tenía computadoras ni robots, que se utilizaban en occidente desde hacía 15 años. El cerrar con candado las pocas computadoras y tipificar como “crimen de estado” la posesión no autorizada de una copiadora, son una prueba de la “imbecilidad” del socialismo.

Su enorme e ineficiente burocracia abultaba sus necesidades en los planes de inversión, solo para obtener más recursos. Las empresas quebradas recibían fondos, la gestión con exceso de empleados y de malas inversiones nunca eran sancionadas, ni intervenidas, al contrario, recibían más subsidios para mantenerla a flote, a fin de evitar que se conociera el nivel del desastre. ¿Saben de algo similar?

Esta peculiar economía degeneró en la escasez, largas colas, burocracia, personalismo y la corrupción que llegaba hasta «el empleado que escondía, para sus amigos, parientes o para un soborno». Este es el modelo primitivo de economía, que la revolución venezolana reprodujo irresponsablemente a la vista de todo el mundo en pleno siglo 21.

Nikita Jrushchov (1953) y su nueva cúpula, implementaron un lento retorno al sistema capitalista. El poder de los directores en un improvisado mercado libre, daría origen a la corrupción en la administración y desmoralización en el trabajo. La anarquía en la producción originó la merma en las utilidades, el cual llevaría finalmente el sistema al colapso.

Esta debacle que barrió con el sistema comunista y la unión soviética, desmintió la predicción de que la economía soviética superaría a la de USA, antes de 1970, y que el capitalismo sería “enterrado antes de que acabara el siglo 20”. Tomaron una decisión mejor, el politburó y su cúpula militar, se convirtieron en la nueva clase millonaria empresarial de la Rusia post-comunista.

Rusia mantiene vivo su ancestral resentimiento de no poder influir en Europa, ahora ni en el Asia, porque allí mandan los chinos. De allí su cinismo político y su vínculo con gobiernos forajidos, la explotación de minerales estratégicos a cambio de protección, el lavado de dólares y la venta de armas. Siguen anhelando ser un país expansionista, su historia así lo demuestra.

FEDEPETROL-CARABOBO

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