Ellos

Editorial / Venezuela RED Informativa

Ellos, allá en el Norte, tenían que probar “esto”. Tenían que vivirlo. Tenían que padecerlo en carne propia. Sentir en “tecnicolor” a la porquería del siglo XXI con todas sus letras. Ser parte del nefasto plan de convertir al mundo postmoderno en un estercolero planetario.

Y poder “vivir” en vivo y en directo a una CNN en toda su verdadera dimensión de complicidad. ¡Así, a calzón quitao!

La misma CNN que nos hizo lloriquear cuando el señor Maduro la mandó a sacar de la parrilla televisiva venezolana. Unos años después, la misma y muy libertaria CNN de Atlanta prohíbe y censura unas declaraciones de Donald Trump desde la Casa Blanca, porque “no están de acuerdo con su contenido”.

Por cierto, la versión criolla de aquella Globovisión, a la cual media oposición venezolana nos invitaba a venerar. Y que medio país andaba a la moda vestido con la franelita de “YO SOY GLOBOVISIÓN”, sin aspirar correr la misma suerte de sus accionistas, que les vendieron el negocio a los ladrones del chavismo, haciendo una pelotota de dólares.

El viejo presidente Ike advertía al final de su mandato de los peligros del aparato de producción de armas en Estados Unidos. Pero nunca nadie habló del atemorizante poder de los medios de comunicación en ese país, y de su capacidad casi sin límites de convertir un circo en realidad.

En estos días el cuarto poder de Norteamérica le enseña al mundo sus dientes cariados y su aliento infernal. Ellos están montados en desdibujar el tremendo fraude electoral de Biden, versión tercer mundo. Como si nada.

Patético resulta el comportamiento del resto del Planeta Libre, que se cuida de no decir ni esta boca es mía ante todo lo que le está pasando en Estados Unidos. Al contrario, un gentío está disfrutando de lo lindo de esta radionovela tropical en pleno otoño norteamericano.

Y muchísima gente olvida algo: Si América cae en manos de la porquería del siglo XXI, todos terminaremos en el mismo hueco. No resulta exagerado asegurar que el único y el último espacio de libertad para el mundo actual solo lo garantiza Donald J. Trump.

Sin él en la Oficina Oval, se abre un vacío peligroso y horroroso donde cualquier cosa puede pasar.

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