En IFEDEC el miércoles 17 de julio, foro “La Tecnología del Blockchain al servicio de la sociedad venezolana”

Trinidad Martel / Venezuela RED Informativa

El IFEDEC (Centro de Formación de Políticas Públicas Dr. Arístides Calvani) presenta este miércoles 17 de julio, a las 10:00 am, en el marco del programa de foros de este conocido Instituto el Foro (asistencia gratuita) “La tecnología del blockchain al servicio de la sociedad venezolana” .

Señala el IFEDEC: “En esta ocasión apostamos por este foro, para documentar y actualizar el uso de este mecanismo que puede ser una herramienta de gran utilidad en el ámbito de las políticas públicas.”

¿Sabes qué es el blockchain? ¿En qué crees que podría contribuir con la sociedad venezolana? ¿Sólo se basa en el sector financiero? Estas, y otras preguntas serán contestadas en el foro del miércoles 17 de julio, con la ponencia del abogado e integrador tecnológico, José Torres.

El revolucionario blockchain sigue sin demostrar lo revolucionario que es: El fenómeno de las criptodivisas se ha disparado en los últimos meses, pero es la tecnología subyacente, la cadena de bloques o blockchain, la que lleva tiempo prometiendo verdaderas revoluciones en diversos ámbitos.

Esas revoluciones no se han producido a pesar de las promesas de los que evangelizan sobre este concepto, y como ocurre con otras “tecnologías del hype”, la cadena de bloques sigue sin encontrar su sitio en nuestras vidas. Los bancos siguen mandando: Cuando bitcoin apareció muchos lo vieron como la alternativa clara a los sistemas bancarios actuales. “Descentralizar el dinero” parecía por fin factible, lo que también haría que el coste de las transferencias económicas fuera cero y que éstas se realizaran de forma instantánea.

El problema es que pronto quedó claro que bitcoin no era la solución al problema: las limitaciones de su diseño han acabado siendo una barrera de momento infranqueable que ha hecho que sí aparezcan otras criptodivisas que traten de ofrecer opciones a los sistemas de pago tradicionales.

Ninguna de ellas (ni de sus cadenas de bloques) se han logrado imponer por ahora, y tanto el dinero de curso legal como los sistemas de pago que le rodean (transferencias, tarjetas de crédito y débito o servicios tipo PayPal) siguen siendo “suficientemente buenos” para los usuarios. De hecho, entre las ventajas iniciales que planteaba el bitcoin era el de servir para micro pagos, pero ese escenario ha quedado descartado ante unas transacciones que tardan ya entre unos minutos y varias horas o hasta días y que además cuentan con unas comisiones cada vez más preocupantes por la congestión de la red y por un modelo que está dando prioridad a las transacciones (quién completa el pago primero) a aquellas que pagan más comisiones, sin más.

Las alternativas que tratan de aportar soluciones a algunos sistemas bancarios tampoco acaban de cuajar. Tenemos por ejemplo a Ripple, una prometedora forma de transferir dineros entre bancos que no obstante sigue sin ganar terreno al tradicional sistema de la red SWIFT. El interés por Ripple ha crecido en las últimas semanas —bancos como el Santander han invertido en esta tecnología—, pero los propios bancos también llevan tiempo investigando cadenas de bloques propias (controladas por ellos, claro) y la adopción de alternativas que ellos no han desarrollado parece improbable.

¿Qué es el blockchain? Entre otras cosas, es una de las palabras de moda en los últimos tiempos. La cadena de bloques es también un concepto que plantea una enorme revolución no solo en nuestra economía, sino en todo tipo de ámbitos. Entender lo que es esa cadena de bloques no es tan difícil, y dado que cada vez se utiliza más este concepto hemos querido hacer una especie de curso rápido de introducción al blockchain, para explicar qué es, cómo funciona y cuál es esa revolución que plantea la cadena de bloques.

Adiós, señor (banquero) intermediario: Pongámonos en situación. Lo normal es que, si una persona llamada por ejemplo Mariano quisiera enviarle 1.000 euros a otra persona llamada por ejemplo Luis, lo normal es que la operación se realizase a través de un banco. Ese banco actúa como intermediario de esa y otras muchas transacciones, centralizando de forma efectiva el movimiento de capital de un lado a otro.

Mariano le pediría a su banco que retirara 1.000 euros de su cuenta y los transfiriese a la cuenta de Luis: en apenas unas horas (dependiendo del banco, claro) ese banco habrá anotado en su cuenta la transacción, restando 1.000 euros en su cuenta y comunicando al otro banco que debe añadir 1.000 euros en la cuenta de Luis. Alguien en el banco de Luis (a estas alturas, ya sabemos que ese alguien es un programa informático) anotará que en la cuenta de Luis hay 1.000 euros más procedentes de la cuenta bancaria de Mariano.

Esa gestión no ha necesitado de un trasiego de billetes de un lado a otro, sino que simplemente ha habido uno o dos bancos que se han encargado de hacer que el dinero pase de uno a otro con un simple cambio en los balances de sus cuentas. Todo estupendo y fantástico, salvo por un problema: Que ni Mariano ni Luis tienen control alguno sobre el proceso, del que solo esos bancos tienen toda la información. Ambos dependen de esos bancos y de su forma de hacer las cosas para completar esa transacción. Están sujetos a sus condiciones (y a sus comisiones, por supuesto).

Hola, cadena de bloques: Es ahí donde entra la cadena de bloques, que básicamente elimina a los intermediarios, descentralizando toda la gestión. El control del proceso es de los usuarios, no de los bancos —seguimos hablando del dinero, pero el ejemplo es extrapolable a otros tipos de transacción—, y son ellos los que se convierten básicamente parte de un enorme banco con miles, millones de nodos, cada uno de los cuales se convierte en partícipe y gestor de los libros de cuenta del banco. ¿Qué es entonces la cadena de bloques? Pues un gigantesco libro de cuentas en los que los registros (los bloques) están enlazados y cifrados para proteger la seguridad y privacidad de las transacciones. Es, en otras palabras, una base de datos distribuida y segura (gracias al cifrado) que se puede aplicar a todo tipo de transacciones que no tienen por qué ser necesariamente económicas.

Esa cadena de bloques tiene un requisito importante: debe haber varios usuarios (nodos) que se encarguen de verificar esas transacciones para validarlas y que así el bloque correspondiente a esa transacción (en cada bloque hay un gran número de transacciones que eso sí, es variable) se registre en ese gigantesco libro de cuentas.

Así funciona una transacción en la cadena de bloques. El proceso es relativamente sencillo, pero como decimos implica a más personas. Ahora Mariano y Luis no están solos, y formarán parte de un gran grupo de usuarios que se encargan de comprobar que todo el proceso se produce como debe producirse. Si Mariano quiere retirar un bitcoin de su cuenta para dárselo a Luis, primero avisa a todo el mundo con una peculiaridad: nadie sabe que Mariano es Mariano y que Luis es Luis. Solo saben que desde una cartera digital (lo que sería una cuenta bancaria) se quiere transferir esa cantidad (que sí se conoce) a otra.

Mariano, por lo tanto, avisa de sus intenciones, pero sin revelar su identidad: “¡Eh, chicos, quiero mandarle un bitcoin desde mi cartera a esta otra, por favor, actualizad vuestros libros de cuentas!”. Al enviar ese mensaje, todos los usuarios de esa red primero comprueban que Mariano la cartera de origen tiene suficiente dinero para enviárselo a la cartera de destino. Si es así, todos anotan esa transacción, que pasa a completarse y a formar parte del bloque de transacciones. Eso sí: todavía no están registrados en esa base de datos de forma definitiva.

A medida que pasa el tiempo, más y más transacciones van completándose y pasando a ese bloque, que tiene una capacidad limitada que depende de la estructura de la cadena de bloques y del tamaño de cada transacción. Cuando un bloque ya no admite más transacciones, llega un momento importante: el de “validarlo” o “sellarlo”, que es lo que los usuarios hacen cuando hacen minería de bitcoin.

Sede de IFEDEC: Boleíta Norte. Av. Buen Pastor con Calle Vargas (en dónde está la sede del DGCIM) y la Universidad Monte Ávila. Caracas (Municipio Sucre). Actividad abierta a todo público, confirmación de asistencia a través de hrivas@ifedec.com o al teléfono 0212 2370170

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