En tiempos de covid-19: Una enfermera en Venezuela gana menos de 5 dólares al mes

Trinidad Martel / Venezuela RED Informativa

Venezuela se encuentra bajo cuarentena desde el martes 17 de marzo. Las enfermeras son la piedra angular de los servicios de salud en cualquier parte del mundo.

En 2018, había 27.200 enfermeras en Venezuela y según el estándar de la OMS, debió haber en ese momento 115.548.

El sueldo de una enfermera, graduada de licenciada es el equivalente a 4,52 dólares al mes. Llegó a ser 269,51 dólares hace 7 años. En la principal escuela de enfermería de Caracas hay casi 80% menos estudiantes que hace diez años.

En el Hospital Pérez Carreño, las enfermeras se lavan las manos con suero fisiológico. Llevan meses haciéndolo. El servicio de agua falla. El personal lleva su propio jabón. En los pasillos conversan sobre las noticias: los muertos por Covid-19 en las calles de Guayaquil, Ecuador, los más de 35 mil médicos y enfermeras contagiados en Italia y España, y se preguntan: ¿cómo atenderán a las personas si la situación escala?

–El personal va a trabajar a un hospital que no se limpia –dice Ana Rosario Contreras, presidenta del Colegio de Enfermería de Distrito Capital–. Que no tiene agua. Donde los baños están altamente contaminados, las cavas de la morgue no funcionan, donde a veces no hay ni electricidad. Me ha tocado ver llorar a enfermeras que me han dicho frustradas que no hay medicamentos para dar a los pacientes.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha insistido en el lavado de manos como un método esencial para prevenir el contagio del COVID-19. Un grupo de expertos de la Organización de Naciones Unidas dijo que “los gobiernos de todo el mundo deben proporcionar un acceso continuo a suficiente agua a las poblaciones que viven en las condiciones más vulnerables”.

Hay enfermeras que trabajan en su guardia con tapabocas de tela. Saben que no son los adecuados: no filtran como las mascarillas clínicas que no tienen en su trabajo. Tampoco tienen suficientes guantes ni gorros.

Sin medidas de protección, se pueden producir infecciones asociadas a la asistencia sanitaria, lo que se conoce como enfermedades nosocomiales. Esas que se adquieren durante la estancia en el hospital. El personal puede contagiarse y transmitir enfermedades a los pacientes. O al revés. O los pacientes pueden contagiarse entre ellos.

Dice Ana Rosario: Nos estamos llevando una biblioteca de microorganismos patógenos a nuestro hogar. Cuando una enfermera llega a su casa no tiene agua. El uniforme se debe dejar en remojo, con agua caliente y cloro. Tampoco tenemos para comprar detergentes ni blanqueadores. Es muy duro, porque eso choca con la seguridad y la autoestima de las enfermeras.

El Covid-19 llega a una Venezuela que desde 2001 tiene déficit de personal de enfermería. La OMS establece que debe haber al menos 1 enfermera por cada 250 habitantes.

Venezuela tenía 1 enfermera por cada 880 habitantes en 2001. Hacían falta 70.583 enfermeras adicionales para cumplir el estándar. El déficit era de 71,60%.

Para 2018, últimos datos disponibles, en Venezuela había 1 enfermera por cada 1062 habitantes.

El déficit de personal era de 76,46%. Se necesitaban 88.348 enfermeras adicionales para alcanzar el estándar planteado por la OMS. Venezuela contaba con 27.200 enfermeras y debió tener 115.548.

El déficit se nota en los hospitales. Una enfermera contó que antes de la cuarentena atendía entre 30 y 40 pacientes durante un turno en Emergencias, cuando la relación debería ser de 3 pacientes por enfermera. Algunas situaciones ameritan 3 o 4 enfermeras por paciente, según la gravedad de la emergencia.

La falta de enfermeras ha cambiado las reglas de funcionamiento de los hospitales. Un enfermero de un hospital de Caracas afirmó que antes se les prohibía a los familiares permanecer con los pacientes. Ya no.

Ahora hay un fenómeno, expresa la presidenta del Colegio de Enfermeras de Caracas: hay más familiares porque no hay personal de enfermería. Buscan y llevan agua hasta la habitación, bañan al paciente, le cambian los pañales. La atención de enfermería es pobre porque uno no puede atender a tantas personas. Prácticamente la atención se limita a la administración de medicamentos, y para los pacientes que están más críticos.

Ana Rosario Contreras asegura que todos los días hay renuncias en los hospitales. La deserción laboral se vuelve inevitable frente al bajo salario, la diáspora y la falta de garantías laborales. La OMS ha dicho que “las condiciones laborales inadecuadas y la utilización inapropiada de los profesionales” obstaculizan la prestación de los servicios necesarios.

El tabulador de sueldo de las enfermeras se rige por grado de instrucción, experiencia y tipo de cargo. En 2011, una enfermera recién graduada de licenciada ganaba el equivalente a 283,54 dólares, mientras que una de técnico superior 266,52 dólares. Una licenciada con posgrado y seis o más años de experiencia –el cargo más alto– ganaba el equivalente entre 304,76 y 609,52 dólares, dependiendo del cargo. Una enfermera técnico superior con uno a cuatro años de experiencia –el cargo profesional más bajo– ganaba entre 266,52 y 533,05 dólares.

Los bajos salarios y la acentuada escasez de personal lleva a los enfermeros y enfermeras a buscar otros empleos. “Hay enfermeras que ni siquiera tienen para comer porque el sueldo no les da –dice Ana Rosario–. A veces la poca comida que se llevan al hospital la comparten con algún paciente que no tiene. La mayoría está sobreviviendo de un segundo trabajo. Algunas decidieron dejar de ejercer y están haciendo cursos de cosmetología; otras están haciendo tortas, vendiendo cigarrillos en la calle. Pasaron a la economía informal para resolver la situación de subsistencia”.

En algunas salas de hospital conviven dos grupos con las mismas carencias. Enfermeras y pacientes venden tortas o galletas para ganar dinero extra.

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