Enemigo visible

Editorial / Venezuela RED Informativa

Lo cierto es que no resulta tan fácil echar a andar a la economía más grande del mundo solo con “buenas” intensiones. Despertar nuevamente al Dragón Dormido necesita de algo más que de un gobierno compuesto por pargos, femémonos de circo, no incluidos, y demás bichos de feria.

Total, no le ha sido nada sencillo ni “mágico” al señor Biden encender las máquinas de América. Y en eso se le puede ir todo el tiempo que le queda en la Casa Blanca. A Barack Obama le tomó los ocho años completos de su gestión no salir del hueco perenne de la recesión. No asomaban la cabeza de un bache para entrar en otro. Y, al final, nada más poder mostrar pírricos logros de gobierno: desproteger las fronteras geoestratégicas de su país, deportar a un gentío y pasearse en guayabera por las destruidas calles de La Habana de los Castro. 

La historia registrada por más de un siglo, demuestra que, sin un ENEMIGO VISIBLE e identificable, Norteamérica no prospera, no echa “palante”.

La expansión económica que EE.UU. vivió a lo largo de sus “locos años 20” estuvo asociada al fin de la Primera Guerra Mundial, sumada a la amenaza por la propagación de la Revolución Rusa.

La recuperación de la Gran Depresión que se inició en 1929, dentro del New Deal de Roosevelt, solo cuajó tras el vigoroso rearme después del ataque japonés a Pearl Harbor y la entrada de América en la Segunda Guerra Mundial.

Lo mismo que sucedió con el prodigioso aumento del estándar de vida y de la prosperidad colectiva en la Norteamérica de la década de los años 50. La amenaza cierta de un conflicto atómico con la URSS, empujó al complejo industrial militar y civil de ese país a alcanzar cotas de producción y productividad inimaginables hasta esa época.

Igual pasó con los logros obtenidos a través de la Carrera Espacial americana. JFK lo expresó como un reto/país, asociado con su seguridad y con la defensa nacional: lograr llevar y traer a un hombre a la Luna antes de que concluyera 1969.

Otro buen ejemplo de ello, fue la potente recuperación económica que le tocó protagonizar en sus dos administraciones a Ronald Reagan, tras el fracaso militar norteamericano en el Sudeste Asiático una década antes.

Su participación en la caída de la URSS y su estrategia de contención del castro-comunismo en América Latina, así como su impecable manejo del conflicto ruso en Afganistán, le dieron un nuevo impulso a la creatividad, las nuevas tecnologías y a la formidable década de los años 80.

El American First de Donald Trump consiguió despertar a los factores de producción dormidos en un tiempo récord. La clara percepción de la descomunal confrontación comercial con China y con la Comunidad Europea, empujó a la economía americana a niveles de crecimiento económico sostenido por tres años consecutivos, nunca antes registrados. Hasta que apareció el virus chino y todo se paralizó… Pero todo eso es historia.

Biden ha declarado hasta el cansancio, detrás de su máscara, que solo busca amar y ser amado. Entre tanto, los poderosos medios de comunicación que lo llevaron al “poder”, ocultan la botadura del último de los portaaviones de la armada de la República Popular China, clase Chop Suy.

Estamos en la antesala de otra recesión profunda y larga de la economía norteamericana, la cual será seguramente matizada por la FOX y la CNN, entre mentiras, verdades a medias y la creación de mucha confusión. ¡Pero es que así es que les gusta a ellos!

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