Estamos solos

Editorial / Venezuela RED Informativa

En Venezuela aquella ecuación que definía a cualquier país de la modernidad hace años que fracaso. La mesa de tres patas de Nación, Territorio y Gobierno se la robó la revolución bolivariana.

Lo que le costó a nuestro país docenas de guerras civiles y mucha sangre a lo largo de todo el siglo XIX; las montoneras, alzamientos y muertes que estancaron el crecimiento demográfico de la Nación por casi todo un siglo; el inmenso territorio con que nos alzamos en 1810 en contra del Imperio Español que perdimos, que representa quizás algo más de un 70% de lo que hoy muestran los mapas del país; todo ese tiempo de cocción, construcción de nación, gentilicio y nacionalidad, Chávez y sus secuaces lo regalaron al primer pulgoso que se consiguieron en el camino. Lo vendieron como “cosa ajena”. Lo mismo que hacen los ladrones y carteristas de la calle con aquello que les arrebatan a sus víctimas en las esquinas oscuras.

Las matanzas de la Cota 905, las de Guarenas o las de Valencia, son la expresión más contundente y desalmada de la desaparición de un gobierno.

Porque acá, en Venezuela, hace años que el estado se ha convertido en el primer delincuente de la nación. Está dotado con tribunales que judicializan cualquier aspecto que adverse a sus intereses, para así hacer lo que desean sobre quienes quieran. E increíble: apenas disponen de un ligera cápita de legitimidad Made in Smarmatic. Cosa que a más de la mitad del mundo no parece preocuparle en serio ese “detalle”. Y, de pasapalo, compiten en condiciones de ventajas “preferentes”, con cientos de otros grupos también dedicados a lo chueco.  

Todo ello explica como en el Alto Apure, a la sombra del monte, los episodios de violencia por la hegemonía en las actividades del narcotráfico, han tomado dimensiones colosales.

Ambos bandos, disidencia de las FARC y NARCOFUERZAS armadas bolivarianas, se matan por el mismo botín: el control del principal corredor de drogas de la Suramérica del siglo XXI.

En el medio de la furia de una guerra entre bandas, miles de venezolanos huyen despavoridos hacia Colombia. ¡Poblaciones enteras!

Y, de eso, de “eso”, solo habla el presidente Duque. ¡ESTAMOS SOLOS!

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