¿Están negociando Estados Unidos y Cuba la salida de Maduro?

Germán Gorraiz López / Venezuela RED Informativa

La decisión de Maduro de confiscar la planta de General Motors, fue vista por la Administración Trump como un atentado contra los intereses de las multinacionales estadounidenses, escenario que fue aprovechado por el Secretario de Estado estadounidense, Rex Tillerson, (antiguo Presidente y Consejero Delegado de Exxon Mobil cuando fue nacionalizada en el 2007 por Hugo Chávez) para declarar a la Venezuela chavista “enemiga peligrosa de EE.UU”. En consecuencia, la Administración Trump implementó una intensa campaña desestabilizadora basada en el desabastecimiento selectivos de artículos de primera necesidad, la obscena especulación, la amplificación en los medios de la creciente inseguridad ciudadana, la toma de las calles por la oposición y la aplicación de sanciones al crudo venezolano para provocar el default o cese de pagos y como colofón asistimos en octubre del 2020 a la implementación de la prohibición a Venezuela de importar diésel con el objetivo confeso de paralizar el transporte de sectores primarios y lograr el desabastecimiento de alimentos básicos e insumos sanitarios vitales que hicieran tambalear el Gobierno de Maduro.

Sin embargo, la llegada de Joe Biden a la Presidencia de EE.UU. podría provocar un cambio en la estrategia de EE.UU. consistente en la sustitución de los “golpes blandos” por la llamada estrategia kentiana expuesta por Sherman Kent en su libro “Inteligencia Estratégica para la Política Mundial Norteamericana” (1949) donde señala que los instrumentos de la guerra económica “consisten en la zanahoria y el garrote”: “el bloqueo, la congelación de fondos, el ‘boicot’, el embargo y la lista negra por un lado; los subsidios, los empréstitos, los tratados bilaterales, el trueque y los convenios comerciales por otro”. Así, la Administración Biden estaría estudiando implementar la táctica de la zanahoria en Venezuela. que incluiría la relajación de las restricciones actualmente vigentes sobre el petróleo venezolano para revitalizar la actividad motriz de la economía venezolana, así como anular la prohibición de Trump de importar el diésel necesario para mantener la cadena del transporte de mercancías e insumos médicos.

Asimismo, EE.UU. habría dado por amortizado a Juan Guaidó por lo que moverá sus piezas para forzar un Gobierno de Transición integrado por figuras de consenso tanto de la oposición como del chavismo que deberá preparar unas nuevas Elecciones Legislativas y Presidenciales para el 2022 cuya hoja de ruta habría sido diseñada por el jesuita Luis Ugalde, ex rector de la Universidad Católica de Caracas y que contaría con las bendiciones de EE.UU. y la Unión Europea. Dicha hoja de ruta se habría trabajado en reuniones discretas entre representantes del Gobierno e interlocutores de la oposición contando con la mediación de la Delegación del Reino de Noruega y estaríamos ya en la antesala de las negociaciones formales entre el Gobierno de Maduro y representantes de la oposición que podrían celebrarse a finales de agosto en México bajo el paraguas de AMLO. Dichos contactos preliminares tratarían en primer lugar la liberación de presos políticos, el levantamiento de sanciones a la cúpula dirigente, la reanudación de ayuda humanitaria y la confección de un cronograma para unas futuribles Elecciones a celebrar en el 2022 pero la verdadera negociación empezaría luego de las elecciones locales y de Gobernadores del 21 de Noviembre que fijarán la radiografía de la nueva cartografía del Poder local en Venezuela pero para cristalizar dichas negociaciones se antoja imprescindible la labor mediadora de Cuba.

Así, el exvicepresidente Mike Pence anunció la implementación de nuevas medidas contra dos compañías que transportan crudo venezolano hasta Cuba, así como contra los 34 buques que utiliza PDVSA para tal cometido, con el objetivo confeso de provocar la “asfixia energética de Cuba” mediante la amputación del cordón umbilical energético que unen a Venezuela y Cuba. El objetivo último de EE.UU. sería conseguir el desabastecimiento total de petróleo, alimentos e insumos sanitarios vitales para hacer tambalear el actual status quo de la Isla y que tuvo su plasmación en la fallida Revolución de Colores orquestada por la exilio cubano en Miami. En este consecuencia, se le presenta una oportunidad única a Cuba como mediadora entre Maduro y EE.UU. que podría concluir con la formación de un Gobierno de Salvación Nacional en Venezuela tras el exilio de la actual cúpula chavista a Cuba a cambio de la flexibilización del asfixiante embargo impuesto por EE.UU. contra la Isla y ya estarían en marcha contactos secretos en la isla privada de Mustique entre el ex colaborador de Obama, Arturo Valenzuela y el comisionado del Gobierno cubano, Arturo López-Levy.

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