¡Fin de mundo, carajo!

Editorial / Venezuela RED Informativa

Al gato lo sacaron de la casa, y ahora todas las ratas bailan. Los rusos se ponen “intensos” en Ucrania. Venezuela se despedaza al Sur por el control, entre bandas del gobierno, del principal corredor de drogas cuyo destino final son las calles de América. Siria dispara un par de misiles cerca del centro de investigaciones nucleares del Negev, e Israel responde proporcionalmente. Pulveriza la batería misilística que disparó primero. De paso, aprovecha para rociar una buena dosis de TNT en los alrededores del reactor nuclear que funciona en Damasco.

No puede haber dudas. Detrás de todo este relajo desatado y en escalada que se ve por todos lados, ya se empieza a dibujar al planeta Tierra que inicia su salida de la pandemia. Y, escondidos entre las sombras de todo lo siniestro, Rusia y China.

El cuento del gato apaleado y corrido de la casa y de las ratas felices, es una gran verdad. Fuera Trump de la Casa Blanca, con Joe Biden, todo el mundo está de fiesta. Ya no hay control. El policía se fue a jugar indefinidamente al golf. Nuevamente cada quien hace lo que le da su real gana.

Atrapado en su discurso de quinceañera de “paz y amor a los hombres de buena voluntad”, la administración Biden/Harris ya ha sido medida correctamente por las grandes fuerzas del mal. El Mundo Torcido, que gusta de lo Torcido y que se dedica a lo Torcido, sabe que los Estados Unidos de Norteamérica ni es ya una amenaza, ni tampoco va para ningún lado.

Muchos portaaviones, miles de misiles, un aparato de inteligencia inimaginable y muchos más etcéteras., pero su vicepresidenta seguramente usa para dormir un franelón con la cara del Che Guevara. Igualito al que se pone para pasear el príncipe tonto inglés, que se casó con la negrita y que tanta vaina echa.

Ni “patras”, ni “palante”: el aumento del empleo es todavía una fábula y la recuperación de la economía aún está en veremos.

Pero, eso sí: a todos aquellos ciudadanos que en el estado de Nueva York se vacunen en contra de la peste china, se les obsequia con un bien gordo pito de marihuana, entregado personalmente por un payaso vestido como la hoja verde del alucinógeno.

Como decían los abuelos de antes… ¡FIN DE MUNDO, CARAJO!

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