Ganando la mano

Editorial / Venezuela RED Informativa

El chavismo, sea “eso” lo que sea, tiene GANADA LA MANO. Está cada vez más claro que las descomunales fuerzas oscuras que sacaron a Donald Trump de la Oficina Oval son las mismas que cubren con su sombra destructora a la porquería que tiene secuestrada a toda Venezuela.

Para ellos este es un tiempo de triunfo a la paciencia en el juego diplomático desplegado por los cubanos. Gracias a ellos, el régimen de Caracas tiene mucho que celebrar. Con las elecciones regionales de noviembre en nuestro país, la parodia consolida al mal.

La oposición está sentada en la misma mesa de juego. Sobre el tapete recibe y pide cartas. Es algo más que un títere, que una marioneta bien pagada. La oposición en Venezuela es la que garantiza, ante el país y ante el mundo, que el país presuma de ser una linda casita democrática, “donde todos cabemos”, como diría el gran Juan Guaidó.

De manera que aquellos que esperan una transición, que lo hagan sentados. Para que nos terminemos de entender: la Venezuela buena, la Venezuela decente, la Venezuela que vive de su trabajo y de su esfuerzo, la Venezuela fragmentada en más de 6 millones de pedazos de nuestra gente regada por medio mundo, tal y como pintan las cosas para finales de junio de 2021, ¡perdió esta partida!

La oposición y el gobierno se reparten los restos del país que dejan los chinos, los rusos, los españoles y los mismísimos norteamericanos. Recogen lo que ellos dejan como sobras; cualquier cosa que el chavismo y los enchufados puedan conseguir revender.

Por fortuna, la pandemia marcó el fin de los idiotas, las marchas y los estúpidos del “vamos bien”. ¡Hay una evolución colectiva increíble!

Porque ya “esto” es otra cosa. Ahora la lucha es a colmillos. Ya no solo se busca el poder por el poder. Ahora se corre detrás del control de los enormes recursos; esos que están escondidos en el fondo del país.

Cada vez nos parecemos más y más al África Negra. Allá, la tribu que domine y controle la violencia, es la que se entiende con los hombres blancos de negocios que vienen de afuera.

Por cierto, ¿no es acaso eso que hoy llamamos globalización?

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