Golf

Editorial / Venezuela RED Informativa

En ausencia del CNE, los norteamericanos utilizan a las grandes cadenas de TV para nombrar presidente. De esa manera Joe Biden, a cuenta y pago de un aparato mediático asociado a la China Comunista y al gran capital transnacional de origen yanqui, propietario de más del 70% de las inversiones extranjeras en ese país, es “nombrado” por CNN como el presidente número 46 de los Estados Unidos de Norteamérica.

Demás está en decir que para todos “estos” allá no ha pasado nada. Es solo la conclusión rutinaria de otro proceso eleccionario más en un país con una democracia de más de 200 años de experiencia ininterrumpida.

Para las grandes cadenas jamás existieron miles de votantes muertos. Ni la inyección de millones de tarjetas “adicionales” de votación vía correo federal impresas en China. Ni conteo de votos sin representación alguna de al menos un miembro del Partido Republicano, ni del resto de la cartilla electoral subdesarrollada y tercermundista de la Venezuela del chavismo. ¡Para nada!

Luego contemplamos a quienes, detrás de toda esta farsa, salen adelantados a meter la cuchara en el guiso americano. Gente de esta cuerdita Biden, se ponen a la orden del señor que, en medio de su avanzada enfermedad, confunde al hijo muerto con el vivo, a la nieta con la hija y a la señora Harris con la Caperucita… roja.

El señor Maduro respeta el guion de sus chulos de La Habana, y felicita a Biden por su contundente triunfo. Y detrás de él le siguen Guaidó y Leopoldo, “dos inútiles de pelo en pecho, como no han parido otras madres”, como cuenta nuestra copla llanera.

Mientras que AMLO desde México, el socio comercial más estrecho e importante de Estados Unidos, declara que su país prefiere abstenerse en meter la cuchara en el “asunto”. México no reconocerá el triunfo de cualquiera de los dos candidatos hasta que la institucionalidad en el Norte no se pronuncie formalmente. No se mueve ni un grado de su discreta Doctrina Estrada.

Simple, porque esta película de ciencia ficción aún no termina. Podemos estar seguros de que mientras que a Donald Trump le dé por jugar al GOLF en medio de esta radionovela al estilo Orson Wells, esto marcha bien.

Las cadenas y los medios de comunicación norteamericanos no son para nada la institucionalidad ni la legalidad electoral en ese país.

Hasta ahora todo “esto” suena a un Carmona Estanga jurándose a sí mismo como presidente de la Ínsula de Barataria. Allá, en el Norte, faltan “cosas” por suceder.

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