Guaidó se debilita y Maduro saca las garras

Glenda Romero / Venezuela RED Informativa

Aunque el llamado presidente interino, cuenta todavía con el reconocimiento de Estados Unidos y unos 50 países, dentro de Venezuela ha perdido mucha emoción; el alboroto y la expectativa por un cambio que generó en el país el 26 de enero de 2019, cuando se autoproclamó como “Presidente interino” y alcanzó más del 63% de aceptación, ya se borró con el tiempo.

Atrás quedó esa posibilidad, hoy Nicolás Maduro, tiene en la práctica el control absoluto del país, mientras Juan Guaidó no ha logrado quebrar al gobierno.En la calle, la sensación colectiva es que él no va a motorizar el cambio de un régimen, que lejos de caerse ha sacado sus garras para fortalecerse.

El 5 de enero de este año, se instaló un nuevo Parlamento donde el chavismo obtuvo 256 curules de los 277 escaños existentes, de lo cual se infiere que ya Guaidó no preside el Poder Legislativo y en consecuencia, no puede seguir siendo el “Presidente interino”.

El desánimo por Guaidó, se veía venir desde el 13 de diciembre de 2020, cuando la baja concurrencia a su plebiscito simbólico, dio muestras de un gran desgaste. En esa oportunidad, él denunció la censura en los medios de comunicación social del régimen venezolano, pero en el evento plebiscitario, no logró reeditar las multitudinarias manifestaciones que lo acompañaron en el 2019.

Guaidó tampoco ha podido crear un aparataje comunicacional, para defenderse de los laboratorios mediáticos que noche y día operan, desde el gobierno venezolano para desinflarlo.

El venezolano siente en la calle, que él no ha logrado ejecutar la estrategia para sacar a Maduro del poder, y eso ha entusiasmado a muchos críticos en su contra y le ha enfriado el guarapo al ciudadano de a pie; podría decirse que de aquel fuego voraz que ardió en la emoción colectiva por la ilusión del fin del régimen, sólo quedan las brasas.

Según las encuestadoras hoy su popularidad llega a 17%. Su imagen se debilita cada día, porque las urgencias populares como el hambre, la inseguridad, la falta de atención sanitaria y la ausencia de servicios como agua, luz e internet, etc., absorben al venezolano, en medio de una pandemia, mientras él no ofrece ideas nuevas para el cambio anhelado.

La otrora polarización ya no existe en Venezuela, lo que siente el venezolano es un gobierno absolutista, que controla hasta el agua.

Como si fuera poco, después de muchos meses de tensiones, el país entró en una fase de desconcierto, porque Guaidó anunció sorpresivamente un acuerdo con el gobierno, para resolver con un diálogo, el caos venezolano y salir de la dictadura.

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