Guion

Editorial / Venezuela RED Informativa

Cuando en cualquier elección al candidato de la izquierda le falta un solo voto, el mundo progre se echa a las calles a romper ciudades. En cambio, cuando a la derecha la trampean en las urnas, le meten boletas fabricadas en China o a través de las máquinas Smarmatic se factorizan por cada uno de los votos emitidos a favor 5 al contrario, entonces NO pasa nada.

Eso explica porque ahora resulta que a Keiko Fujimori la quieren hacer presa. Parece que no llevaba de forma clara las cuentas sobre las compras del arroz para hacer sushi que venía realizando desde hace algunos cuantos años atrás.

O le toca al insigne opositor venezolano Enrique Márquez, a quien le caen encima tras su denuncia, según lo previamente acordado con el NARCORÉGIMEN que tiene a bien representar en nombre del “patrón” Manuel Rosales, sobre el extraño caso aquel de que, el Canal 8, es gobiernero. ¡Increíble!

Otro GUION al mejor estilo de doña Delia Fiallo. Otro GUION representado magistralmente por las últimas figuras de la patética realidad política latinoamericana: el capitán Diosdado Cabello y algo así como la mitad del electorado peruano. Ambos dedicados a la comedia.

Simple: ¡Más de lo mismo! Tanto en el Perú como en Venezuela, la izquierda siempre, pero siempre, es víctima “pobrecita” y perseguida de las fuerzas más malas de la maldad. Todas ella representadas, siempre, por un individuo imaginario, idéntico al hombrecito del Monopolio, que solo piensa en su extinción.

Y la verdad cierta es que estos buenos-para-nada que dicen representar al progreso, la inclusión, el cambio y las mejoras sociales, solo consiguen el retroceso y las más cavernícolas formas y maneras de “funcionamiento” para nuestros países, cuando consiguen echarle las manos. ¡Todos estos “sufriditos” son puro y simple atraso!

Solo son un patético GUION más. Son el mismo “modelo” de exportación de los chulos de La Habana: desmantelamiento de la democracia, retroceso material de las sociedades y el poder férreamente conservado en las manos de un puñado de embusteros, por el mayor tiempo que se pueda. Lo bueno es que… ¡Nada es eterno!

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