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Mascaritas / Venezuela RED Informativa

Pero, ¿en serio alguien se cree el cuento que esta raza de fulanos renuncia al poder? ¿Qué se retiran por las buenas? O sea, ¿que ceden sus enormes privilegios, mujeres, dinero sin trabajar y docenas de individuos que les halagan hasta dejarles las bolas rojas, así como así? ¡Por favor!

Por cierto, don Pablo nunca renunció. Saddam Hussein nunca renunció. Muammar Al Gaddafi tampoco renunció. Al primero lo cazaron brincando techos en Medellín, hasta dejarlo como a un colador. Al otro lo atraparon escondido como a una rata, en una cloaca de Bagdad. Y al coronel Gadafi, después que una poblada en Trípoli lo vapuleo hasta que le dió la gana, le rompieron la cara de un disparo.

Porque ninguna de esas malas bestias sale por las buenas. ¡Esa no existe! A todos esos “personajes” del horror humano hay que arrastrarlos a pescozones del poder que se han robado, hasta poner fin a sus reinados de miseria, miedo y horror.

Acá, en Venezuela, andamos todavía con otro cuento de los hermanos Grimm. El cretino de Julio Borges insiste en una negociación sin fin, mientras que Juan Guaidó repite como un loro borracho que los militares pronto saltarán la acera y se pasarán al lado correcto de la historia.

Es decir. Se van a dejar de “eso”. Serán iluminados por una llamada hipnótica que les hará el mismísimo de Leopoldo López desde la casa del Embajador del Reino de España, y caerán en su error. Le darán un golpe de estado al Sr. Maduro y Cia. Embarcaran a todos los cubanos en Maiquetía con rumbo al medio del Caribe y todos contentos y fresquitos por dentro.
¡Dios!

Tanto, y como por no dejar de tiempo en tiempo, el VP Pence, Mr. Pompeo y el propio Donald J Trump, se refieren a Venezuela, a su falta de democracia, a la espantosa crisis humana que vive su gente, Adentro y Afuera, en el mejor espíritu aquel de “Fuerza y Fe”. De aquellas tardes de guarimba en que la oposición MUD vendió a mis muchachos. ¡Dejémonos de vainas!

¡Esto está muy hablado y muy escrito! Quien quiera ayudar, que ayude. ¡No diga tanto! ¡Hagan, o al menos dejen hacer!

Tras algo más de un siglo, Venezuela se ve nuevamente en la necesidad de recuperar su libertad a través de una invasión armada.

Dejémonos los cuentos, ésta sólo puede ser emprendida por nuestra misma gente, con sangre venezolana y asistencia “técnica” especializada para irrumpir en el país y acabar con estos zánganos.

Está cuesta arriba que vengan “otros” a lavar nuestra ropa sucia. ¡Así no funciona la “cosa”!

Las tropas de La Francia Libre del General De Gaulle regaron con su sangre las playas de Normandía, el Día del Gran Desembarco. Así como las belgas, las danesas y los componentes de países ocupados por la bota alemana que hicieron su parte para recuperar a sus naciones.

Lo mismo que los retazos que pudieron escapar del ejército de la República Boba allá en 1813, que luego acompañaron a Bolívar en la recuperación del país incendiado y pisoteado por Monteverde, El Pacificador. Eso que hoy los libros de historia de 4to. año llaman pomposamente, “La Campaña Admirable”.

O Don Cipriano con sus 88, entrando por Cúcuta a Venezuela para acabar con el Gobierno de Andueza Palacios e iniciar la modernización del país. Siempre ha sido así, y siempre lo será. Por eso es que, ahora, en medio de esta oscuridad es que se tiene que buscar nuevamente una salida a la venezolana.

¡La tenemos grabada en nuestro ADN colectivo! Un cuerpo armado con potencia y asistencia de naturaleza privada, que haga pie y libere un pedazo de territorio venezolano. Una acción militar que forme un gobierno en condición de beligerante, que cuente con territorio y reconocimiento internacional para lograr la salida de estos delincuentes que se han cogido a nuestro país.

No una payasada de “gobierno de transición”, con un mentecato jugando a presidente de una República que solo existe en la imaginación y en los bolsillos de los “Vamos Bien”, y en el empuje diplomático del Departamento de Estado que ha jalado parejo sabroso a un pocotón de gobiernos del Mundo para que le jueguen el juego, mientras ellos salen de su vaporon electoral. No hay de otra.

Quienes se tomen en serio la salida de esta pesadilla infernal, que se pongan del lado correcto de la “cosa”.

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