“Hay que ir a votar”

Editorial / Venezuela RED Informativa

En las elecciones presidenciales de 1988 Rafael Caldera, el eterno candidato de la democracia representativa en Venezuela, no fue seleccionado por su propio partido para enfrentarse a Carlos Andrés Pérez (CAP) en los comicios presidenciales de ese año. Así las cosas, en medio de una de sus frecuentes pataletas despóticas, le dio por “animar” a su gente para que no dejaran de participar en las elecciones: “voten, vayan a votar, aunque su voto sea en blanco”. Haciendo una clarísima invitación para que lo hicieran por el partido político de CAP.

Por eso, cuarenta y tantos años después, Henry Ramos ya no sorprende a nadie con la misma cantaleta: “HAY QUE IR A VOTAR”. Otra vez nos invita, en esta nueva ocasión, otra de las tantas comiquitas muy mal dibujadas que representan al folklor de nuestros políticos de ahora y de siempre, para que le hagamos de idiotas como país.

Como es frecuente y habitual, Ramos y muchos más como él, continúan haciendo sus apuestas sobre una Venezuela de imbéciles. Olvidan, por cierto, que los venezolanos hace años asistimos, con lágrimas en los ojos, al funeral del viejo Juan Bimba, enterrado en el Cementerio General del Sur, el último de los pendejos criollos.

Luego de más de 20 años de Chávez y de la pesadilla del chavismo, así como del acompañamiento de la enorme porquería que ha significado y significa la oposición en Venezuela, tragarse el cuento mal armado de Ramos Allup no está fácil.

Porque la verdad verdad es que en Venezuela no hay que hacer ni campaña, ni ponerle esfuerzo alguno por empujar a la abstención en la sinvergüenzura de noviembre. Todos sabemos que, ahora más que nunca, oposición y gobierno están montados solitos en mentir sobre la participación del día después; e inflar así los resultados electorales conseguidos sobre las espaldas de muertos y ausentes que no fueron a votar.

Ahora comparten las máquinas Smarmatic. Todos son amigos de la “casa”, todos ganan.

Para la Venezuela en Resistencia tiene que quedar algo en limpio, algo muy en claro de todo este desastre. Y tiene que ver con la ubicación, con el lugar donde se encuentran alojadas todas estas joyitas de la política aburrida de siempre. Indudablemente, ¡en el lado oscuro del país!

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