Historia de una canción: “Ramoncito en Cimarrona”

Freddy Jiménez / Venezuela RED Informativa

Anécdota de la Parranda que se convirtió en canción

Al norte de la ciudad de El Tocuyo, tomando el cruce de Dos Caminos, siguiendo la vía hacia Boro, bordeando el margen derecho del río Tocuyo, a unos 15 minutos, por un camino tortuoso y de tierra, se encuentra Cimarrona.

Cimarrona es un pequeño caserío caracterizado por su aridez, sus sembradíos de caña, la cría de ganado caprino, la producción de queso de cabra y, sobre todo, la laboriosidad de su gente.

A comienzo de los años 50 del siglo pasado se celebraba anualmente los Reencuentros a Cimarrona, ésta era una festividad caracterizada por la fraternidad, la alegría desbordante, la música y la parranda. Allí se reunían gran cantidad de jóvenes, lindas muchachas, diversos conjuntos musicales, atraídos por la fama de estas fiestas que traspasaba las fronteras del estado Lara y que ni la época de lluvia podría suspender.

El centro de la festividad era una gran casona identificada con el nombre de “Las Mensajeras”, construcción realizada a mediados del siglo XIX. El joropo, el golpe tocuyano, el tamunangue, los violines, cuatros y maracas, el baile, la canción, la comida, el mondongo, el cafecito coláo, el cocuy, el amor y la amistad eran los protagonistas principales de la fiesta.

En la Plaza Bolívar de El Tocuyo se reunían jóvenes y adultos para planificar el viaje al Reencuentro del año, entre ellos estaban puntualmente los talentosos tocuyanos Ramoncito, Pablito y Chemaría, con su cargamento de implementos musicales, su alegría y sus deseos de vivir.

Luego de un aventón en un camión cañero, o de un viaje en bicicleta, o simplemente a pié, llegaban los grupos para la celebración respectiva.

Las actividades comenzaban en la mañana con una misa en la capilla del caserío, frente a “Las Mensajeras”. Ya los salones de la casa estaban adornados para el acontecimiento, las muchachas iban y venían con estampados vestidos, las viejas matronas vigilaban con seriedad que todas las cosas estuvieran en su preciso lugar, los habitantes del lugar recibían con entusiasmada alegría a los visitantes.

Comenzaba la fiesta, los grupos musicales se intercambiaban para demostrar su virtuosidad, los jóvenes sacaban a bailar a sus respectivas parejas, cada uno deseaba mostrar sus cualidades, ya sea como bailarín, como músico, como cantante o como un ameno conversador. El cuento humorístico, las risas, la mirada pícara, el beso robado, formaba parte del ambiente.

Entre los muchachos que sacaban a bailar a las señoritas se destacaba Ramoncito, su zapateado repicaba en el suelo de tierra ya endurecido como el cemento; las muchachas reían con picardía y comentaban de lo rítmico de sus pasos y Ramoncito desbordaba más alegría, siguiendo con firmeza el sonoro ritmo del tambor; este visitante en muchas ocasiones debía enrollar sus pantalones para sacudirse el barro adquirido en la travesía y poder demostrar con verdadera claridad sus facultades de buen bailarín. Entre los músicos estaba Pablito, con su violín y su característico movimiento de cabeza, tocando con sonoridad los golpes tocuyanos como sólo él podía hacerlo. Y Chemaría con su cuatro o su guitarra desbordando entusiasmo, musicalidad y creatividad, dedicándoles a las muchachas lindos versos y románticas composiciones de su propia autoría.

La festividad se alargaba hasta la mañana del día siguiente; la alegría, la música y el amor no llegarían a su fin hasta el otro día. Los amigos y las amigas se despedirían hasta el próximo año, el amor conseguido quedaría para el próximo Reencuentro, lo sucedido en ese largo día quedaría para recordar siempre.

Fue en el año 1957 que Chemaría, luego de esa impactante experiencia, escribió la letra de la popular canción “Ramoncito en Cimarrona”. Para ese año la fiesta tuvo un motivo especial, la nueva canción fue el centro del Reencuentro, todos la coreaban con entusiasmo, ahora Ramoncito era el protagonista del baile, Pablito le daba con más fuerza a su violín para hacer resaltar sus compases y Chemaría se sentía satisfecho en plasmar en esa letra lo hermoso de la vida.

Esta composición tuvo en los años posteriores un éxito rotundo en el ámbito nacional, la canción fue escuchada en todos los rincones del país y fuera de sus fronteras, también ha sido reconocida como un emblema para el estado Lara.

Entre sus intérpretes de mayor repercusión se pueden destacar a: Rafael Montaño, estudioso del folclor nacional, quien lo grabó por primera vez y ha realizado dos versiones de la canción; la llamada “Negrita Cariñosa” Edith Salcedo; el popular cantante Víctor Piñero; “Los Golperos de El Tocuyo”; Pablo Canela y el Conjunto de los Hermanos Báez; Pilar Torrealba; Rito Colmenárez; Olimpo Cárdenas; Padú del Caribe, conocido músico de Aruba; el extraordinario cuatrista tocuyano Pastor Paris; más recientemente se debe mencionar a Simón Díaz junto a la Rondalla Venezolana; Ilan Chester en su producción “Tesoros de la Música Venezolana (Lara)”, junto a Tico Páez, Carota, Ñema y Tajá y Alexis Cárdenas; ha sido interpretado por diversas agrupaciones musicales como “Los Cañoneros”, “Los de Ramón” de Chile, “Aguamiel”, “Cuerdas Primas”, “Un, Dos, Tres y Fuera”, Ensamble Nueva Segovia, Ensamble Giménez, Alegría Golpe y Folklor, la Banda de Concierto “Antonio Carrillo” del Estado Lara, la Orquesta Municipal de Iribarren y la Orquesta de Cámara de la UCLA; bellas interpretaciones realizadas por el conocido músico y compositor venezolano Cheo Hurtado; por Fichard Pinto y por Marcel Montcourt; se recuerda la solemne producción de Freddy León con la Real Orquesta Filarmónica de Madrid junto a otras canciones en la conocida “Suite Larense”; además de haber sido seleccionada para un Álbum de Canciones Latinoamericanas por la prestigiosa Selecciones de Reader’s Digest.

Debemos recordar a los personajes principales de esta historia:

Ramoncito es el posteriormente reconocido Dr. Ramón Almao Tovar (1911-1997), prestigioso médico gineco-obstetra de Barquisimeto, partero de innumerables larenses, quien fue presidente del Club de Leones de Barquisimeto en varias oportunidades (54-55, 58-59) y directivo de la Sociedad de Obstetricia y Ginecología Seccional Lara para 1954. Nació en El Tocuyo y murió en Barquisimeto, su entierro fue una gran manifestación de dolor acompañada por la canción “Ramoncito en Cimarrona”.

Pablito es el famoso músico y virtuoso violinista tocuyano Pablo Canela (1914-1981) que con sus interpretaciones ha hecho vibrar a nuestro país, llamado “El Rey del Cuatro”, fabricante de instrumentos musicales de cuerdas, fundador de escuelas de cuatro en Barquisimeto y compositor de reconocidas canciones como “El Gavilán Tocuyano” y “El Burro de la Manea”, entre otras; grabó varias producciones musicales, obteniendo importantes reconocimientos.

Chemaría es el conocido músico, pintor y poeta tocuyano José María Giménez (1915-1991), quien, además de haber escrito a “Ramoncito en Cimarrona”, se destacó también como compositor de otras obras musicales como: “Página en Blanco”, “Sin Ti”, “Canto a Quíbor”, “La Negra”, “La Suegra” y “Boconó” entre otras. Chemaría Giménez fue, además, un prolífico poeta de fina pluma, con una poesía diversa: romántica, humorística, dedicada a los niños, a fechas y personajes emblemáticos, a su vida y en especial a su ciudad natal; editó por muchos años en El Tocuyo la revista “CALICANTO”, órgano divulgativo navideño y humorístico que publicó ininterrumpidamente durante 15 años (1954 a 1968), publicación decembrina con un gratísimo contenido local de anécdotas de la gente, poemas, cuentos, dibujos, caricaturas y relatos tradicionales; además de ser reconocido nacionalmente como un excelente pintor y de haber sido ganador de diversos premios en las artes plásticas, entre ellos el Primer Premio, Paleta de Oro, en el XIII Salón Anual Nacional Sala Armando Reverón en Caracas, en el año 1977; su paisaje, de gran colorido, lo coloca como uno de los pintores larense de mayor reconocimiento nacional.

José María “Chemaría” Giménez muere un 13 de agosto, dejando a su paso una herencia cultural que lo hace trascender a otros espacios y, de seguro, permanecerá eternamente impregnando de mayor colorido los crepúsculos de esta tierra y junto a sus viejos amigos estará cantando sus composiciones, entre ellas, el recordado “Ramoncito en Cimarrona”.

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