Idiosincrasia, irresponsabilidad o frustración (I)

César Guillén / Venezuela RED Informativa

El venezolano lamentablemente, tiene el complejo del superhombre mesiánico, que triunfa en cosas irrelevantes, pero que poco aporta al verdadero progreso. Posee un espíritu alucinante por Bolívar y la independencia. Tiene el complejo de víctima, el del sufrido y humilde que fue engañado por el poderoso. Incapaces de reconocer nuestra propia responsabilidad o competencia somos un colectivo resentido, la causa de nuestro proverbial comportamiento individualista y desorganizado.

Seguimos apegados al embrujo del pueblo conformista y pasivo, pero indisciplinado y voraz ante lo fácil y lo festivo, que ante el fracaso culpa a un malvado enemigo externo o interno que le impide progresar. “En Venezuela, la ignorancia nos hace audaces”. Razones hay para enorgullecernos por la libertad de la América española, pero ahora somos los mendigos de la región, dignos de lástima y protagonistas de un deterioro moral y humanitario, nunca antes visto.

El peligro de la historia que como la nuestra está llena de leyendas y epopeyas, es que basta con eso para vivir en el presente. Vale decir, vivir a costa de ella sin agregarle nada. Bolívar anda metido en todo, conque se alabe a Bolívar y a su retrato blanco o pardo como lo es ahora, ya resolvimos el problema por ser dignos de su gloria. Igual pasa con añorar la época de la democracia del pacto de punto fijo. Seguimos anclados en el pasado.

Cabalgamos al pasado de la historia, a buscar las emociones de las gestas de los próceres y de su prestigio, apropiándose sin merecérselo de sus bien ganadas glorias. “Somos de la tierra de Bolívar, de la espada que camina por la América Latina”, pero ahora “somos la vergüenza que se arrastra, por esa misma América Latina”. No se ha entendido que nuestra guerra fue una respuesta al pasado en función política, no la lucha de dos mundos o sociedades antagónicas.

Éramos una extensión de la cultura occidental representada por la España que vivía aquí y que hablaba un mismo idioma, con una misma religión y una misma cultura. El mestizaje así lo comprueba. Nuestra lucha fue para sustituir el gobierno de España por uno de venezolanos. No son los aborígenes nativos de una sociedad avanzada o de la minoritaria raza negra las que hayan inducido marcadas diferencias. La lucha nunca fue por esas condiciones, ya que nunca existieron.

Es esa sociedad española y sus métodos educativos, con la influencia de la ilustración y de la Revolución Francesa, las que moldearon y formaron la generación de los hombres de la independencia americana y no las cimarroneras de la sierra o de las aldeas indígenas. Esto último solo es un intento infeliz de los populistas y acomplejados por distorsionar y acomodar la historia con fines personales. Bolívar mismo afirmó: “No somos españoles, ni indios, ni negros, somos otra raza, otra gente”.

Protágoras- 2021

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